Hay historias que te rompen un poquito por dentro y te dejan pensando un montón. Si hay algo que duele y a la vez es hermoso en Kimetsu no Yaiba, es ver cómo el amor de Koyuki fue lo único capaz de sostener el mundo de Akaza cuando ya no quedaba nada más.
Como decía Mario Benedetti: "Tengo pocas certezas, pero una de ellas es que el amor salva". Y aunque el final de ellos nos rompa el alma, muestra cómo un lazo sincero puede ser refugio en medio de tanta oscuridad.