Les traigo un cuento con el que sali segundo en el concurso literario de la revista La Erosión, por que no gane??? Leanlo y entenderan.
Alto guiso
El pibe llegó apurado, transpirado y casi sin aire. En el comedor, las doñas estaban preparando el guiso de arroz para el día, mientras yo y otros voluntarios realizábamos tareas, para nosotros importantes y quizás no tanto para ellos.
Al verlo así de agitado, lo paré agarrándolo de los hombros, lo senté y lo miré a los ojos, como se miran en la villa todos los que no tienen nada que ocultar. Le pregunté qué le pasaba.
Se volvió a parar, gesticulando como para remarcar cada palabra, y me contó:
—Me llamó el Fisu. Me dijo que iba a salir de bondi. Yo, como ando recatado, no le pasé ni cabida. Me batió que no me pusiera la gorra, que cuando hubo que mover los brick de mi rancho, él me hizo la segunda. Cero berretines; si lo hacés de onda, después no me vengás a echar en cara. Cuando se tuvo que esconder el mellizo de la gorra por el bardo que se armó por el laburo crudo en la pizzería, yo le aguanté los trapos.
Pero es muy guachín. La turra de Cleo lo tiene engualichado. Le mueve el rosquete y le hace pagar la jarra, y yo la vi poniéndole pasti a su vaso. Él ni enterado. La llenó de sogas y conjuntos zarpados, y la turra luce como si ella los hubiera conseguido. Butaquera fina, cabecea de lo lindo los domingos en el río.
Yo le dije, mire que se lo batí de onda :" te la van a dar». Los bigotes se la tenían jurada desde que la colgó frente a la taquería.
Yo me quedé con el Brian en la sombrilla, atendiendo a los giles. Ni guachines ni pibitas, solo chetos, como arreglo, don Teo, con el jefe de calle, el cura y las doñas. A los pibes de acá, nada. Hacemos unos miles y no jodo a nadie.
Pero el Fisu… le alquiló un caño al Cabezón y se hacía el poronga. Lo primereó al Manco de la otra cuadra, el que está con los casinos virtuales. Está re loco el gil: le cortó el dedo al Manco para destrabarle el celular y se transfirió unos pesos.
¡Se la van a dar por un chori! Se zarpó de gil. Los patas negras comen de ahí. El Gordo de Varela, el que se cogió a los perucas solo, no se jode con él.
Fisu está refugiado ahora… haciendo planes. Ayúdeme a esconderlo. La vieja lo va a fletar a Corrientes con una tía…
Cuando se escucharon tres explosiones, nadie dijo nada, pero todos sabíamos que era una 9 escupiendo muerte desde una casa a unos metros. Después llegaron los gritos de una mujer pidiendo por su hijo.
Un Logan pasó quemando llanta, vidrios negros, sin patente, perdiéndose en la avenida. Un patrullero asomaba la trompa en la esquina y dio marcha atrás lentamente.
El pibe se sentó resignado, con los hombros caídos y la mirada perdida.
De golpe, pareció revivir. Olfateó el guiso de arroz que ya estaba humeando.
Y, aguantando las lágrimas, se apartó cuando lo quise contener.
—Deje, ya fue…
Se le cayó una lágrima cuando dijo:
—Qué barandita… ¡Alto guiso, eh!