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AHOGADO EN SU VENENO

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Pensamiento

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brechaCambiaria

La casa le reprocha a Raúl haber manipulado a todos, y es la misma casa que mató a su familia entera porque quisieron irse. En criollo, el que dicta la sentencia es el primer acusado.

La casa le reprocha a Raúl haber manipulado a todos, y es la misma casa que mató a su familia entera porque quisieron irse. En criollo, el que dicta la sentencia es el primer acusado.

Contenido de la publicación

I. La Confrontación

​Raúl continuaba inconsciente. La entidad que habitaba el cuerpo de Leonardo lo tomó del cuello con una sola mano, haciendo gala de una fuerza inhumana que desafiaba toda lógica, y lo arrastró hacia una silla de madera en el centro de la sala de juegos.

​Lo sentó con brusquedad. Usando sogas viejas que brotaron de las sombras, inmovilizó al muchacho firmemente de pies y manos, fijándolo contra el respaldo.

​Una vez asegurado su prisionero, la entidad arrastró otra silla y se acomodó a escasos centímetros frente a él. Apoyó la cabeza hacia un lado y clavó su mirada vacía, gélida y expectante sobre el rostro ensangrentado de Raúl, esperando pacientemente a que despertara para iniciar el último acto de la masacre.

​Raúl comenzó a recuperar el conocimiento. Un quejido de dolor escapó de sus labios al intentar moverse y descubrir con espanto que estaba completamente atado. Abrió los ojos con dificultad, parpadeando ante la penumbra, hasta que su vista logró enfocar la silueta inmóvil frente a él. Cuando los rasgos de su amigo se aclararon en medio de la sombra, el corazón le dio un vuelco.

​—¡¿Leonardo?! ¿Qué hacés? ¡Suéltame! —exclamó Raúl, mezclando la confusión con la desesperación.

​El rostro de su amigo permaneció rígido, sin un solo atisbo de empatía. Los labios de Leonardo se movieron, pero la voz que emergió de ellos era un eco rasposo y multiplicado que pareció nacer del corazón mismo de las paredes:

​—¡Leonardo no está acá!

​Los ojos de Raúl se desorbitaron de terror. Un escalofrío brutal le recorrió la espina dorsal, helándole la sangre en las venas.

​—¿Por qué me tiene...? —intentó preguntar, pero fue interrumpido de inmediato por un rugido con una autoridad sobrenatural que hizo retumbar las vigas del techo.

​—¡SILENCIO! Tu persuasión y tu convencimiento causaron esto...

​Al pronunciar la condena, la Mansión Newhell desató toda su furia acumulada. Las lámparas de cristal comenzaron a parpadear con violencia eléctrica. Sobre la mesa de billar, las pesadas bolas de marfil empezaron a rodar y a chocarse de forma frenética, imitando el chasquido seco de huesos rompiéndose. A su alrededor, las sillas restantes despegaron del piso, elevándose y girando en un torbellino constante.

​La silla donde levitaba el cuerpo poseído de Leonardo comenzó a desplazarse en el aire hacia la entrada principal del salón.

​Raúl, con la respiración entrecortada, dirigió su mirada hacia el umbral. De la oscuridad del pasillo, una figura encorvada dio un paso al frente. Era Cristina. Su cuerpo estaba totalmente calcinado, con la piel ennegrecida y humeante. Clavando sus cuencas vacías en él, soltó un lamento de ultratumba:

​—Vos me hiciste esto...

​Detrás de ella emergió María: su silueta desnuda, ensangrentada y desfigurada por la asfixia. Sus labios amoratados repitieron la misma acusación:

​—Vos me hiciste esto...

​En una procesión macabra, uno a uno fueron entrando los caídos de esa noche. Lorena con el impacto en la nuca, Brian con el rostro pálido y la garganta ahogada en sangre, Jorge con las entrañas carcomidas por el ácido y Cecilia abrazando sus muñones mutilados. Todos rodearon la silla de Raúl con sus cuerpos corruptos, uniendo sus voces en un coro pesadillesco que retumbaba en las paredes:

​—“Vos me hiciste esto... Vos me hiciste esto...”

​En medio del caos poltergeist, la entidad fijó sus ojos extraviados en el prisionero y, alzando la voz por encima del lamento de los muertos, dictó el golpe final:

​—Ahora todos quieren venganza... Pero antes, quieren escuchar por qué.

​La voz de la casa continuó retumbando, taladrando directamente los oídos de Raúl y acallando por un instante el murmullo de los espectros:

​—Fue tu lengua manipuladora la que convenció a una joven e inexperta psíquica para invocar fuerzas que no podía comprender... —sentenció a través de los labios de Leonardo, mientras el cadáver de Cristina daba un paso al frente acusándolo—. Tu lengua plantó la semilla de la curiosidad en Jorge y Leonardo para arrastrarlos hasta acá dentro. Tu lengua fue la que enredó a Brian hasta lograr que revelara el secreto mejor guardado: la forma de entrar a mi hogar...

​Las sillas que flotaban en el aire se detuvieron en seco, quedando suspendidas en un silencio sepulcral. Los espectros ensangrentados de sus amigos se inclinaron sobre él, acorralándolo y obligándolo a respirar el hedor a azufre, descomposición y sangre fresca.

​La entidad clavó sus ojos en el rostro sudoroso del prisionero:

​—Queremos escuchar... ¡POR QUÉ!

​II. La Confesión

​El coro enmudeció. Las sillas suspendidas en el aire parecieron congelarse. En ese instante, con el rostro pálido por el miedo, lágrimas de culpa en los ojos y una voz temblorosa, la máscara de manipulador de Raúl se terminó de romper frente al tribunal de muertos.

​—Yo... yo solo quería corregir un error —logró articular, tragando saliva con dificultad—. El mismo error que mi padre cometió cuando yo tenía ocho años, cuando te metió en nuestras vidas y en esta maldita casa. Tu maldad me quitó a mis viejos... y a mis dos hermanos más chicos. Ellos eran inocentes y los mataste a todos solo porque decidimos armar las valijas y abandonar la propiedad. Pero vos no podías permitir que nos fuéramos, ¿no?

​Los espectros de sus amigos parecieron agitarse en la penumbra, pero Raúl ya no los miraba a ellos; miraba fijo a los ojos vacíos de Leonardo, descargando la agonía que había guardado en silencio durante casi una década:

​—El trabajo de Cristina no era invocar a nadie... —confesó, mientras el llanto le ahogaba las palabras—. La engañé. La usé para que hiciera un ritual de expulsión. Quería desterrarte de este lugar para siempre.

​Con las lágrimas corriendo por sus mejillas y las fuerzas totalmente agotadas, Raúl bajó la cabeza, entrelazando su culpa con el dolor de su pasado. En un hilo de voz que resonó en el silencio mortal de la sala de juegos, susurró:

​—Yo solo quería recuperar mi casa...

​III. La Ejecución y el Fin

​Al escuchar la confesión, el espíritu de la Mansión Newhell no mostró piedad, sino una furia hambrienta. Los espectros se abalanzaron sobre el prisionero para ejecutar la sentencia final.

​El cadáver de Jorge, con la piel carcomida por el ácido, se posicionó pesadamente detrás de la silla. Extendió sus manos deformes, tomó a Raúl por la frente con fuerza bruta y le obligó a pegar la cabeza contra su pecho putrefacto. Al mismo tiempo, los brazos ennegrecidos de Cristina se movieron con velocidad sobrenatural: sus dedos calcinados se clavaron en las comisuras de los labios de Raúl y tiraron hacia abajo con tal violencia que un crujido seco resonó en la sala al dislocarle la mandíbula, dejándole la boca abierta en una mueca de agonía muda.

​Fue entonces cuando la entidad, controlando el cuerpo de Leonardo, dio un paso al frente. En su mano derecha sostenía una pinza metálica de la barra; en la izquierda, un bisturí que brillaba bajo el parpadeo de las luces.

​Con una frialdad matemática, la entidad introdujo la pinza en la cavidad bucal de Raúl, prensó su lengua y tiró de ella hacia afuera, exponiéndola al máximo. Raúl intentó gritar, pero de su garganta rota solo brotó un borbotón ahogado. Con un movimiento rápido y certero, el bisturí rebanó la carne desde la raíz.

​Inmediatamente, las manos de Jorge bajaron hasta el mentón de Raúl y, con un golpe violento, le cerraron la boca a la fuerza, obligándolo a tragar el torrente de su propia sangre. La voz multiplicada de la casa resonó por última vez en el salón:

​—Debes ahogarte con el veneno de tu propia lengua...

​Para sellar la sentencia, la entidad hundió el bisturí en el centro de la garganta de Raúl, trazando un corte profundo de lado a lado. Al retirar la hoja, la entidad soltó el arma ensangrentada, dejándola caer con un tintineo contra las baldosas a los pies del moribundo.

​El cuerpo poseído de Leonardo dio media vuelta con total indiferencia y comenzó a caminar hacia la salida, sentenciando al aire:

​—Sus miedos y sus deseos los mataran.

IV La mañana de 1989

​Mientras Raúl agonizaba, ahogándose en su propia sangre en medio de la silla, la vida de la Mansión Newhell comenzó a extinguirse. En el instante exacto en que el corazón del último manipulador dejó de latir, el coro de los muertos enmudeció por completo.

​Los cuerpos de Cristina, María, Jorge, Brian, Cecilia y Lorena se desplomaron pesadamente contra el suelo como marionetas a las que les hubieran cortado los hilos, transformándose en cadáveres comunes. Toda la actividad poltergeist se detuvo en un parpadeo. Las lámparas parpadearon una última vez y la casa quedó sumida en un silencio absoluto y una total oscuridad.

​Los primeros rayos del amanecer comenzaron a teñir el cielo de la primera mañana de 1989. Con un quejido metálico y pesado, el imponente portón de hierro de la entrada principal comenzó a abrirse lentamente por sí solo.

​Desde el fondo del jardín emergió la silueta solitaria de Leonardo. Tras haber recuperado el control de su cuerpo pero con la mente destrozada para siempre por los horrores que sus propias manos habían cometido, cruzó el umbral. Con la mirada completamente perdida, los ojos fijos en la nada y el paso errante de un fantasma, salió caminando hacia la calle, dejando atrás la propiedad que le había perdonado la vida solo para condenarlo a la locura eterna.

​Desde aquel día, la casa quedó inmortalizada bajo el nombre de NEWHELL, grabado en un cartel torcido sobre el gigantesco portón de hierro. Un recordatorio imborrable de que el verdadero infierno en la tierra no está bajo el suelo, sino entre las paredes de esa mansión.

Thoughts

  • Amortes22

    Leonardo perdonado le toca vivir todos los días con ese recuerdo!!!

    Buen thriller 👍

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  • RominaB84

    Che, me tuvo en el auto media hora de más 😅 ¿Los hermanitos de Raúl aparecen en alguna historia anterior de la casa?

    Permalink
  • brechaCambiaria

    La casa le reprocha a Raúl haber manipulado a todos, y es la misma casa que mató a su familia entera porque quisieron irse. En criollo, el que dicta la sentencia es el primer acusado.

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