En la infinitud del universo,
en el océano de gotas que somos,
en la magia de la existencia,
reconociéndonos en el Todo,
siendo el Todo,
siendo…
Yo Soy.
Dejando atrás las heridas,
fluyendo con el presente,
despertando a la realidad del Ser,
viviendo en el fluir del agua,
bebiendo de su manantial.
Expresando las ideas,
siendo uno con el mundo,
volviendo al centro,
dejando la batalla,
saliendo de la guerra,
soltando la dualidad de la mente.
Enviando amor,
repartiendo sonrisas,
transmutando las emociones que duelen,
abrazando a nuestro niño interior
recreando sueños,
habitando paraísos.
Y volviendo, una y otra vez,
al silencio del alma,
al encuentro con nosotros mismos,
al propósito que renace cada día.
A la grandeza de la soledad,
al retorno de la compañía,
a la comprensión del otro,
a la renuncia de los juicios,
a la humildad de quien aprende
a mirar con otros lentes.
Y en ese fluir,
sin batallas que librar,
sin verdades que imponer,
abrazar la inmensidad
con el corazón agradecido.
Este relato hace parte de Cachetadas del Alma. https://cachetadasdelalma.blogspot.com/