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A M O U R

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Por Levi Díaz Echeverri

Poemas, fragancias, escritos, arte en su máxima expresión, un equilibrio tan sublime que parece latir en el corazón del universo.

Hay palabras que se vuelven versos, aromas que despiertan la memoria, y sentimientos tan inmensos que pretenden escribir con luz las páginas eternas de la historia.

Dicen que Dios mismo se inclina ante la fuerza de este sentimiento, que por él se desdobla el alma, se desnuda el corazón y se entrega, sin reservas, el aliento.

Inconmensurable como el tiempo, misterioso como el mar, ¿será el amor una llama eterna que todos llevamos dentro, o una ilusión que aprendemos a pronunciar?

¿Nacemos todos con la capacidad de sentirlo? ¿O es acaso una pregunta sin respuesta, un enigma que se esconde detrás de cada mirada y de cada puerta que se cierra?

Porque hay veces en que el amor se disfraza de nobleza, se viste de dulces palabras y oculta, bajo su apariencia, las intenciones más oscuras de la conciencia.

¿Será entonces el amor una máscara más del ego, una estrategia cuidadosamente tejida para conseguir aquello que se desea, aunque en el camino se destruya otra vida?

Hay quienes, en nombre del amor, levantan muros y sentencian destinos; quienes convierten la verdad en amenaza y apartan de su lado a quien la pronuncia, como si la luz pudiera extinguirse por cerrar los ojos ante su brillo.

Porque la verdad, como el sol y como la lluvia que fecunda la tierra, no puede negarse eternamente, ni esconderse para siempre en los rincones oscuros de la indiferencia.

Y entonces me pregunto: ¿será el amor una virtud compartida o una lucha silenciosa por sobrevivir? ¿Una entrega generosa del alma o una batalla donde solo el más fuerte encuentra un lugar para existir?

A veces, la humanidad parece recordar las antiguas leyes de la naturaleza, aquellas que Darwin describió en sus páginas: sobrevive quien mejor se adapta, mientras el débil contempla cómo otros escriben su sentencia.

Pero hay un amor que parece distinto, uno que comienza antes de los nombres, antes de las palabras, cuando una madre siente en su vientre el milagro diminuto de una vida que transforma sus entrañas y despierta en ella emociones insondables.

¿Será ese el amor verdadero, el que comienza sin conocer el rostro, el que alimenta la esperanza sin pedir pruebas ni promesas, el que se entrega aun cuando el sacrificio le dibuja cicatrices en el alma?

Quizás una madre sea capaz de consumir sus propias fuerzas, de cambiar sus sueños por desvelos y convertir cada lágrima en ternura con tal de proteger aquello que su corazón reconoce como suyo.

Y quizás, en lo más profundo de su ser, espere que algún día esa entrega encuentre un eco en la otra orilla; que sus cuidados se vuelvan gratitud, que sus renuncias florezcan en respeto y que el amor recibido no se extinga cuando llegue la despedida.

Porque hasta el amor más generoso puede guardar una esperanza secreta: la de no sentirse olvidado, la de recibir una caricia del alma, la de saber que tanto sacrificio no fue una semilla sembrada en el vacío.

Pero ¿qué sucede cuando el corazón se convierte en escenario de una mascarada, cuando la falsedad estrecha la mano del afecto y la verdad se sienta, solitaria, a contemplar cómo se representa la obra?

Entonces, el espíritu se confunde, la conciencia se llena de preguntas y el ser humano, perdido entre sus propias sombras, ya no distingue si ama de verdad o si solamente teme perder aquello que alimenta su existencia.

¡Oh, amor, sentimiento sublime y contradictorio! ¿Por qué elevas al hombre hasta el cielo y, a veces, lo precipitas al abismo? ¿Por qué prometes eternidades si algunos de tus rostros apenas sobreviven al primer desencuentro?

Tal vez tu grandeza no consista en pronunciar tu nombre a cada instante, ni en exigir sacrificios como tributo, ni en proclamar fidelidades mientras se hiere a quien camina al lado.

Tal vez tu verdadera esencia se encuentre en la nobleza silenciosa, en la verdad que no teme mostrarse, en la libertad que respeta al otro y en la mano que permanece abierta sin convertir la entrega en una cadena.

Porque amar no debería ser destruir, ni apartar al que incomoda, ni disfrazar de virtud el egoísmo; amar debería ser comprender, respetar, proteger y construir, sin exigir que otro se apague para que nuestra propia luz resplandezca.

Y si algún día la humanidad lograra arrancarte todas tus máscaras, quizás descubriría, por fin, que no basta con decir que se ama: hay que demostrarlo en cada acto, en cada palabra, en cada silencio y en cada decisión.

Pues entre la fragancia de un poema, la belleza de una flor y la inmensidad del universo, sigue latiendo una pregunta que ni el tiempo ha conseguido responder:

¿Es el amor la expresión más pura del alma, o la máscara más hermosa del ego?

Quizás la respuesta no habite en los labios de quienes más proclaman sentirlo, sino en las huellas que dejan sus pasos, en las heridas que nunca debieron abrir y en la paz que consiguen sembrar en el corazón de quienes dicen amar.

Porque al final, cuando caigan las máscaras y el silencio revele lo que fuimos, no serán nuestros discursos los que hablen, ni las promesas que el viento se llevó:

será la verdad de nuestros actos la que revele si alguna vez amamos o si solamente aprendimos a pronunciar la palabra amor.

— Levi Díaz Echeverri

Thoughts

  • RosaIturbe

    Pues sí, lo de levantar muros y sentenciar destinos en nombre del amor pasa mucho cuando una familia se rompe por quién dijo qué. Y casi nunca hay un villano limpio en esa historia.

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  • estoico_practico

    Adaptarse no significa ganarle al débil, y en la práctica los que mejor quieren suelen ser los que se adaptan a otro sin tragárselo. Por eso lo de Darwin no me cierra. Lo que llamas máscara del ego se parece más al miedo a perder, que tú mismo nombras casi al final.

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  • MarianelaVidal

    Hay un salto a mitad del texto: dejas las preguntas grandes sobre el ego y bajas a una madre que espera que su entrega encuentre eco en la otra orilla. Ahí el texto se vuelve de alguien. Antes hablabas del amor en general y de pronto parece una casa concreta, con alguien apartado por decir la verdad. A mí me dejó la sensación de que todo lo demás se escribió alrededor de esa herida.

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