POEMARIO
I. Todo ha cambiado
En mí todo ha cambiado;
es para mí tan solo el eco
de un lejano pasado.
Yo ya tragué demasiada
agua salada, y siento
que tengo una espada
clavada en mi lamento.
Para mí no hay consuelo,
estoy buscando un brillo,
un destello de fantasía,
que guíe mi fe perdida.
Se fue el amor de mi vida,
dejando un profundo frío,
cerrando con hondo hastío
la última y torpe herida.
Pero tengo un gran sentimiento
dormido dentro de mí...
y sé que no es para siempre.
II. Amor imposible
Entre las flores eres la más bonita,
tus palabras son flechazos de amor.
Mi alma pide con ferviente clamor
tu cariño, y al aire quiere gritar.
No sé qué prefiero, si andar a tu lado
o ser el abismo que mira tu altura.
Estoy prisionero de este mismo anhelo,
atado por siempre a tu hermosa locura.
Tu sentir me transmite este gran fervor,
no tener tu presencia causa dolor.
Necesito un médico para la herida,
un antídoto puro para mi vida.
Sublime y abstracto es tu dulce amor;
cada vez que imagino estar contigo,
el deseo constante se vuelve mi amigo
en busca de tu amor.
III. La fría guerra
Sonó el acero rompiendo la penumbra,
ardieron las ciudades en la hoguera;
perdió su luz la hermosa primavera
y un frío de sepulcro todo alumbra.
La marcha de la muerte que deslumbra
cruzó los campos hacia la frontera,
dejando al hombre sin más compañera
que la ceniza que la tierra encumbra.
Cayeron mil imperios en el lodo,
retumban aún los ecos del espanto
en el silencio gris de nuestro mundo.
La historia vio perderlo todo a todo,
y entre las ruinas brota con su canto
la frágil esperanza de otro día.
IV. El hombre
En las densas penumbras del pasado
ardía en el hombre la curiosidad,
buscando con cautela la verdad
que revelase al mundo lo sagrado.
Rompe la duda el viejo candado,
traza el método un rumbo de rigor,
y en la balanza pura del valor
queda el dogma vencido y sepultado.
Ya no rigen hechizos ni la suerte;
camina el pensamiento paso a paso,
buscando la verdad sin un descanso.
Vence a la niebla, desafía a la muerte,
y en el vasto horizonte de la mente,
enciende la razón con su chispazo.
V. Canto a la patria
Baila la cueca con gran pasión,
Chile celebra su tradición.
El vino alegra cada canción,
y el asado une a la nación.
El volantín vuela sobre el cielo,
los niños disfrutan con anhelo.
La patria brilla con su destello,
fiesta que guarda todo su celo.
Bandera al viento, patria unida,
orgullo eterno, fuerza de vida.
El dieciocho nunca se olvida:
Chile resuena, patria querida.
VI. Latido rojo (Liverpool)
En Anfield resuena la gloria,
un canto eterno de pasión;
rojo fuego que nunca se apaga,
corazón que late en canción.
Once héroes luchan sin miedo,
con la historia como guía;
cada gol despierta al pueblo,
cada triunfo enciende la vida.
Liverpool, orgullo invencible,
tu bandera jamás caerá;
en la memoria del mundo entero,
tu legado siempre brillará.
VII. El faro
Él lleva la esperanza sobre el mar,
sosteniendo en sus hombros erguidos
el destino de todos los hombres
mientras avanza con firme fe.
Los marineros le guardan amor,
mantienen una fiel alianza;
gracias a su luz logran avanzar
y a viva voz lo aclaman siempre.
VIII. El olvido
Tú guardas el peso
de los pasos cansados
que nadie volvió a dar
en el tiempo distante.
Te quisieron ayer,
pero tu hora ha pasado;
se marchó la memoria
sin mirar hacia atrás.
Hoy la carga se siente
pesada en el alma,
y todo se lo lleva
la brisa del viento.
IX. El pensar
Siempre he querido decir algo,
pero se me fue el tiempo y el plazo.
No sabía de qué modo expresarlo
y jamás imaginé confesarlo.
Tuve que hablar en el silencio,
mas nada puedo hacer ahora.
La palabra no dicha se fue,
callada, como el atardecer.
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