Guido no sabe cancelar la película, y eso es lo que más me quedó, chamo. Una estructura gigante armada alrededor de algo que todavía no existe, con gente cobrando y esperando, eso lo he visto en obras de verdad y siempre termina igual: el que no sabe decir que no lo paga tarde, y antes lo pagan otros. Por eso el final me parece generoso con él. Luisa no baila igual que Guido.
8½ — Crear cuando ya no sabés qué decir
8½ es una película sobre un director que no sabe qué película quiere hacer y, al mismo tiempo, una de las películas más completas que se hicieron sobre lo que significa crear. Fellini parte de un…
En series
In groups
Pensamiento
Guido no sabe cancelar la película, y eso es lo que más me quedó, chamo. Una estructura gigante armada alrededor de algo que todavía no existe, con gente cobrando y esperando, eso lo he visto en obras de verdad y siempre termina igual: el que no sabe deci
Contenido de la publicación
8½ es una película sobre un director que no sabe qué película quiere hacer y, al mismo tiempo, una de las películas más completas que se hicieron sobre lo que significa crear. Fellini parte de un bloqueo creativo y lo convierte en una obra sobre memoria, deseo, culpa, ego, miedo y sobre esa sensación de tener demasiadas cosas adentro sin saber cómo ordenarlas.
Guido Anselmi está rodeado de gente que espera algo de él. Productores, actores, periodistas, técnicos, mujeres, amigos. Todos quieren respuestas. Todos quieren saber cuál es la película, qué significa, cuándo empieza, qué personaje van a interpretar. Y Guido no sabe qué contestar. Tiene un proyecto enorme alrededor suyo, una estructura gigantesca construida para una película que todavía no existe realmente dentro de su cabeza.
Ahí aparece una de las cosas que más me gustan de 8½: El bloqueo creativo no es falta de ideas, sino exceso de ellas. Guido no está vacío, está completamente saturado. Su infancia, su matrimonio, sus amantes, sus fantasías sexuales, la religión, el cine, la culpa y sus recuerdos aparecen todo el tiempo mezclados entre sí. El problema no es que no tenga nada para decir. El problema es que no sabe cómo convertir todo eso en una sola obra.
Y Fellini construye la película exactamente desde ese lugar. La realidad nunca está completamente separada del sueño, del recuerdo o de la imaginación. Entramos y salimos de la cabeza de Guido sin que necesariamente exista una señal clara que nos explique dónde terminó una cosa y empezó la otra. Pero no importa demasiado, porque para él tampoco existe una frontera limpia.
Todo forma parte de la misma conciencia.
El comienzo ya lo deja clarísimo. Guido está atrapado dentro de un auto, rodeado por otros vehículos, sin poder moverse. Nadie parece realmente reaccionar. Entonces empieza a salir humo, él intenta escapar y finalmente vuela por encima del tráfico. Durante unos segundos parece libre, hasta que descubrimos que incluso esa libertad tiene una cuerda atada al pie.
Para mí, ahí está condensada toda la película. Guido quiere escapar.
Del trabajo.
De su matrimonio.
De las expectativas.
De sí mismo.
Pero incluso cuando imagina que vuela, alguien sigue sosteniendo la cuerda.
Y eso también define bastante bien su relación con las mujeres. Guido desea libertad absoluta, pero no está dispuesto a aceptar que los demás tengan esa misma libertad. Quiere a Luisa, pero la engaña. Quiere conservar a Carla, pero sin permitir que esa relación altere demasiado su vida. Fantasea con una especie de mundo donde todas las mujeres que conoció puedan convivir alrededor suyo y seguir queriéndolo.
La famosa secuencia del harén es divertida y excesiva, pero también bastante cruel porque muestra con claridad la lógica interna de Guido. En su fantasía todas las mujeres pueden coexistir siempre que él continúe en el centro. Cuando dejan de obedecer, aparece el castigo. No es solamente una fantasía sexual: es la fantasía de un hombre que quiere controlar cómo los demás lo recuerdan, lo desean y lo juzgan.
Y ahí Fellini hace algo que me parece fundamental: Guido puede ser claramente un alter ego suyo, pero la película no necesita convertirlo en alguien admirable. Lo expone. Lo ridiculiza. Le permite ser encantador y egoísta, sensible y cobarde, brillante e incapaz de afrontar muchas de las consecuencias de aquello que hace.
Eso hace que 8½ sea mucho más interesante que una simple película sobre “el artista atormentado”. No romantiza completamente el sufrimiento creativo. También muestra todo el daño que puede existir alrededor de una persona convencida de que su crisis interior es siempre más importante que la vida de quienes la rodean.
Marcello Mastroianni es perfecto para eso. Guido puede caminar por una situación completamente desbordada manteniendo una especie de elegancia cansada, como si estuviera constantemente unos segundos por detrás de todo aquello que le está ocurriendo. Hay algo magnético en él, pero también algo profundamente agotado. Parece un hombre que quisiera desaparecer sin tener que renunciar a ser observado.
Y quizás ésa sea otra contradicción central de la película. Guido quiere que lo dejen en paz, pero también necesita ser el centro de todo.
La puesta en escena de Fellini refleja permanentemente esa sensación.
Hay personajes entrando y saliendo del cuadro, voces que aparecen desde lugares distintos, movimientos de cámara que convierten una conversación en una especie de coreografía. Muchas veces Guido está literalmente rodeado. La gente se acerca, pregunta, exige, habla encima de otra persona. El mundo parece no darle espacio para pensar.
Pero al mismo tiempo entendemos que gran parte de ese caos también lo construyó él. Porque Guido no sabe decir que no.
No sabe terminar una relación.
No sabe cancelar la película.
No sabe admitir que no tiene una respuesta.
Entonces sigue acumulando, personas, ideas, mentiras y expectativas. Hasta que todo empieza a volverse imposible de sostener.
La estructura de la película acompaña eso de una manera increíble. 8½ no avanza como una narración tradicional donde un acontecimiento lleva limpiamente al siguiente. Avanza como pensamos. Una palabra provoca un recuerdo, una persona activa una fantasía, una situación presente se mezcla con algo que ocurrió décadas atrás. Fellini no intenta ordenar completamente la conciencia.
La filma funcionando.
Y ahí también aparece la infancia de Guido. Los recuerdos de Saraghina, la escuela religiosa, la culpa alrededor del deseo, las imágenes familiares. No funcionan como explicaciones psicológicas simples del tipo “Guido es así por esto”. Son fragmentos que siguen viviendo dentro de él. El adulto no reemplazó al niño. Lo sigue llevando consigo.
Eso me parece una de las ideas más hermosas de la película: No dejamos atrás nuestras versiones anteriores; aprendemos a convivir con ellas.
El niño que tuvo miedo.
El adolescente que sintió deseo.
El hombre que mintió.
El director que triunfó.
Todos siguen ocupando algún lugar dentro de la misma persona.
Y quizás por eso Guido no puede hacer una película sencilla. Quiere hacer algo verdadero sobre sí mismo, pero cuanto más intenta encontrar una verdad única, más descubre que está compuesto por contradicciones.
Hay una pregunta que atraviesa prácticamente toda la película: ¿qué debería decir un artista?
Guido parece sentir que una obra tiene que justificar su existencia con una gran idea. Algo profundo, definitivo, capaz de ordenar el mundo. Y cuanto más intenta encontrar esa idea, más paralizado queda.
Porque quizás ninguna obra pueda hacer eso.
Quizás el problema sea justamente exigirle a una película que resuelva aquello que uno mismo todavía no pudo resolver.
Y ahí entra para mí la dimensión más filosófica de 8½. Muchas veces pensamos que primero tenemos que comprender nuestra vida y después contarla. Como si en algún momento pudiéramos llegar a una versión clara de nosotros mismos, mirar hacia atrás y entender qué significó todo.
Pero Fellini parece llegar a otra conclusión: Crear también puede ser una forma de comprender mientras todavía estamos confundidos.
No hace falta tener todas las respuestas antes de empezar, la obra puede nacer precisamente de no tenerlas.
Por eso el final me parece tan extraordinario. Después de pasar toda la película intentando organizar las piezas, Guido finalmente deja de tratar de separarlas. Las personas de su vida, sus recuerdos, sus deseos, sus errores, los muertos y los vivos entran juntos en esa especie de desfile final.
No significa necesariamente que todos los problemas se hayan solucionado. Luisa no deja mágicamente de haber sufrido y Guido no se convierte de repente en una persona distinta.
Pero hay algo que cambia.
Deja de intentar expulsar las contradicciones de su vida y empieza a aceptarlas como parte de aquello que es.
Y entonces puede crear.
Para mí, ése es el verdadero movimiento de 8½. Guido pasa casi toda la película preguntándose cómo convertir su vida en una obra, hasta que finalmente entiende que la obra no tiene que ordenar la vida. Puede contener su desorden.
Eso también explica por qué una película sobre no poder hacer una película termina siendo tan libre. Fellini convierte su propia crisis creativa en el principio formal de la obra. Si no sabe qué contar, puede contar precisamente eso. Si no puede separar sueño y realidad, puede dejar que convivan. Si no sabe cuál de todas sus versiones es la verdadera, puede filmarlas a todas.
Y ahí aparece algo que me parece extraordinario sobre el arte.
Un artista puede empezar queriendo decir algo sobre el mundo y terminar descubriendo que también estaba intentando explicarse a sí mismo.
A veces lo consigue.
A veces no.
Pero quizás la obra aparezca justamente en esa distancia entre aquello que queríamos expresar y aquello que finalmente conseguimos entender.
Por eso 8½ no me parece solamente una película sobre cine.
Es una película sobre la imposibilidad de convertir nuestra vida en una historia perfectamente coherente.
Queremos pensar que todo tuvo un sentido. Que cada persona llegó por una razón, que cada error nos enseñó algo. Que existe una versión final de nosotros mismos donde todas las piezas encajan.
Pero quizás no funcione así.
Quizás somos recuerdos contradictorios, deseos que no siempre entendemos, personas a las que lastimamos, cosas que quisimos ser y cosas que todavía no sabemos si vamos a conseguir.
Y quizás vivir no consista en resolver completamente ese caos.
Quizás consista en aprender a bailar con él.
Por eso el final de 8½ me parece tan perfecto. Después de intentar escapar durante toda la película, Guido finalmente deja de correr.
Y todos entran a la pista.
La vida no se vuelve más ordenada. Guido simplemente deja de exigirle que lo sea.
Y quizás ahí empieza la película que llevaba todo el tiempo intentando hacer.
Thoughts
-
PermalinkMirá, aprender a bailar con el caos suena precioso desde la butaca. Cuando el desorden es el de todos los días y no el de un genio en crisis, uno arma un plan sabiendo que no va a durar y sigue. Las que bailan en el final son las mujeres que él lastimó, y a ellas nadie les preguntó si querían entrar a la pista.
-
PermalinkVe, la premisa que sostiene todo tu cierre es que crear puede ser comprender mientras uno sigue confundido. Si te la quito, el desfile final se queda en un man que dejó de intentar ordenar su vida, y eso todavía no es hacer una película. La obra la hizo Fellini, no Guido. Me encantaría que aguante sola.
-
PermalinkGuido no sabe cancelar la película, y eso es lo que más me quedó, chamo. Una estructura gigante armada alrededor de algo que todavía no existe, con gente cobrando y esperando, eso lo he visto en obras de verdad y siempre termina igual: el que no sabe decir que no lo paga tarde, y antes lo pagan otros. Por eso el final me parece generoso con él. Luisa no baila igual que Guido.
-
PermalinkPues mira, ese desfile final donde entran juntos los muertos y los vivos yo lo veo cada semana, en versión sin música: en un velatorio aparece el pueblo entero, la exmujer, el socio con el que no se hablaba, el cura y el que no pisó una iglesia en cuarenta años, y nadie resuelve nada, se dan la mano y ya. Así que no sé si Guido acepta sus contradicciones al final, home. Igual solo se cansó de correr.
-
PermalinkLa cuerda atada al pie mientras Guido vuela por encima del tráfico me recuerda a la sensación de tener un proyecto grande en marcha sin saber todavía qué es, y apuesto a que por eso te tocó tan de cerca a estas alturas del reto: una película por día durante 141 días se debe parecer bastante a eso. Gracias por seguir con el reto!
-
PermalinkFijate que la contradicción que le marcás a Guido, querer libertad absoluta y negársela a los demás, se disuelve un poco si separás dos sentidos de 'libertad': la de hacer lo que quiere y la de seguir siendo querido pase lo que pase. El harén pide la segunda, y esa no se la puede dar nadie, ni Luisa ni Carla ni el niño que miraba a Saraghina. Por eso el castigo aparece justo cuando dejan de obedecer. Te concedo el resto entero, sobre todo lo del exceso en vez de la falta.
Related posts
-
About Fate — A veces llegar tarde es llegar justo a tiempo
About Fate es una comedia romántica que no intenta esconder demasiado aquello que quiere ser. Desde el comienzo juega con coincidencias, encuentros improbables y la idea de que dos personas pueden…
-
Herbie: Fully Loaded — A veces crecer también es animarse a manejar
Herbie: Fully Loaded es una de esas películas que sabe perfectamente qué quiere ser. Es una comedia familiar sobre un Volkswagen con personalidad propia, carreras imposibles y una Lindsay Lohan que…
-
Home Alone 2: Lost in New York — ¿Cuándo perderse deja de sentirse como libertad?
Home Alone 2: Lost in New York repite muchas de las ideas de la primera película, pero cambia algo fundamental: Kevin ya no está solo dentro de su casa, ahora está solo en Nueva York . Y ese cambio…
-
Pride & Prejudice — Enamorarse cuando dejamos de creer que ya entendimos al otro
Pride & Prejudice podría parecer, en la superficie, una historia romántica bastante clásica: dos personas se conocen, se juzgan mal, se rechazan y terminan enamorándose. Pero lo que hace que la…
-
Megalopolis — Seguir imaginando cuando todos te dicen que ya es demasiado tarde
Hay películas que nacen de una historia, otras de una oportunidad y otras que parecen perseguir a un director durante toda su vida. Megalopolis pertenece claramente a esa última categoría. Para…
-
The Karate Kid — Aprender a pelear sin convertirte en alguien que necesita pelear
The Karate Kid funciona porque en el fondo nunca fue solamente una película sobre karate. Es una película sobre disciplina, paciencia y sobre cómo alguien aprende a defenderse sin dejar que la…
-
Star Wars: Episode II – Attack of the Clones — La guerra empieza mucho antes de la primera batalla
Attack of the Clones es una película que me parece mucho más interesante cuando dejamos de verla únicamente como el capítulo intermedio de las precuelas y empezamos a observar todo aquello que…
-
The Tragedy of Macbeth — Cuando la ambición termina convirtiéndose en nuestra propia condena
The Tragedy of Macbeth es una de esas películas que demuestran que no hace falta reinventar una historia para conseguir que vuelva a sentirse extraordinaria.