Las únicas cebollas del capítulo son las del chiste de Johnny, y con eso le sacó media sonrisa a Sonya. Payaso será, pero ojo tiene.
8 - Gris Sensible
Pensamiento
Las únicas cebollas del capítulo son las del chiste de Johnny, y con eso le sacó media sonrisa a Sonya. Payaso será, pero ojo tiene.
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8
Gris
38 días de la pandemia
Liu Kang acababa de salir del laboratorio, tras visitar a Kung Lao en su celda de contención. El monje estaba en la sala de estar de Fuerzas Especiales, tratando de procesar lo que acababa de ver.
No había nadie cerca, solo empezó a sollozar, soltando varias lágrimas que caían en sus piernas. Se había enfrentado a hechiceros, monstruos, tiranos. Pero esta enfermedad era completamente diferente. Él sabía que tarde o temprano, si la vacuna llegara a fallar, su mejor amigo se volvería en una de esas cosas, lo que lo obligaría a matarlo.
Miró sus manos, estaban temblando. Odiaba la idea de que a las personas que más le importaban no sea capaz de protegerlas. No pudo salvar a Kung Lao de su propia arrogancia, y acabó encerrado debido a un frío protocolo de cuarentena.
Kitana escuchó los sollozos del campeón, y se acercó al monje.
–Liu Kang… ¿Qué sucedió? – preguntó la princesa. –
El monje se dio media vuelta, para ver a la guerrera de los abanicos, solo soltó un sollozo y dijo:
–¿Por qué Kitana? … ¿Por qué no puedo salvar a nadie? –
Ella miró a su amante, comprendía aquellas palabras. Al ser una futura gobernante, tenía una gran responsabilidad sobre sus hombros. Era capaz de comprender el dolor del campeón del Mortal Kombat. Él también tenía una gran responsabilidad, proteger a la Tierra de diversas amenazas.
La princesa, comprendiendo el peso de esa carga, se acercó al guerrero de la tierra, y sin más, ella lo abrazó en silencio. El monje agarró a Kitana en sus poderosos brazos, no queriendo soltarla. Este solo sollozó.
***
Mientras tanto, Sonya está intentando mantener una fachada firme mientras organizaba a las tropas para mandarlas a rescatar más civiles. No obstante, Johnny quien estaba ayudando a regañadientes, pudo notar algo que no muchos soldados de la sala lo hacían.
Su vida de actor le hacía darse cuenta de muchas cosas. Cuando una persona finge llorar, y cuando llora de verdad. Y claramente los ojos rojos de la rubia lo delataban.
El actor jamás vio a Sonya llorar, por lo que se acercó a preguntar:
–Sonya, nena… ¿Tuviste una dura batalla contra las cebollas del almuerzo? –
–No molestes ahora Johnny. No estoy de humor. –
–Se nota a miles de kilómetros que estuviste llorando. Solo quiero saber si es por el grandote o por toda esa mierda de la pandemia. –
–¿Por qué querrías saber? –
–¿No se supone que estamos en el mismo bando? Tú siempre andas tan rígida y dura. ¡Ahora que nos enfrentamos a jodidos zombis! Quiero saber si tú te encuentras bien, muñeca. –
–A ti solo te importa la fama, no el bienestar ajeno. –
–Oh, vamos. Esto ya parece un fanfic escrito por una persona con problemas emocionales. Solo estoy tratando de ayudar porque somos un equipo. –
–Si te preocuparas por los demás, tal vez te tomaría en consideración. –
–Si me preocupo, por ti. – dijo el actor – Eres preciosa y muy fuerte. Digo, ¿quién no querría tener esas lindas piernas apretando el cuello? Si me entiendes. Pero ese no es el punto. No es fácil mantener la maldita calma en medio de un apocalipsis zombi. Además ¿Por qué te importa ese grandulón de 2 metros con brazos de robocop? –
–Jax es valioso para mí, porque es la única familia que me queda… – admitió ella – No lo entenderías. Solo vives entre gente que solo te ve como un ídolo. Dudo que hayas tenido conexiones reales. –
–Bueno, las primeras personas con las que tuve conexión real fueron, el chico Karate, el Chispitas, y tú…
–¿En serio? – dijo arqueando una ceja. –
–¡Somos una gran familia de locos! tenemos un dios de los relámpagos, unos dos monjes, y ahora una princesa de otra dimensión y un ninja helado. No estás sola en esto. Tienes más gente que le importas. –
Ver al actor intentar consolarla a su manera, y saber que tiene aliados valiosos, hizo que sonriera ligeramente.
***
40 días de la pandemia
Sub-Zero estaba en una misión importante con Noob Saibot. Había quedado a solas con quien fue su hermano para tener una conversación.
Quería entender por qué aquel hombre que apreciaba como su familia, había cambiado tanto.
–Bi-Han. –
–El Bi-Han que conoces ha muerto… ahora soy Noob Saibot… –
–Sé que en el fondo está el hermano que he conocido, ¿recuerdas los momentos que pasamos juntos?, ¿las veces que me has protegido? Sé que, dentro de ti, aún habita el hombre que conozco. –
–Tienes idea de cómo funciona la reencarnación en un no muerto, ¿verdad? –
–Yo siempre te he admirado… eras el gran ejemplo de los Lin Kuei… siempre quise ser tan grande como tú. Incluso… cuando me entere de tu muerte… adopte tu antiguo nombre de guerra para honrar tu memoria. –
–Estás dando pleitesía por un hombre que ya no existe, Kuai Liang. –
–Pero, sé que aún eres mi hermano. –
–Me convertí en lo que soy, porque mis manos están manchadas de sangre. Igual que las tuyas… –
–Lo reconozco, he matado a muchas personas… pero… Tú sabes muy bien que no fue por deseo propio, solo cumplíamos la voluntad de los Lin Kuei. –
–A los de arriba no les importan los motivos. Para esos dioses a los que esos monjes les rinden culto, un crimen sigue siendo un crimen, sin importar el motivo. –
El camino continuó, pero el guerrero helado se quedó pensativo. Si la pandemia llegara a acabar, tal vez si muere, termine igual que su hermano.
***
En la base, las pruebas continuaban. Jax, Stryker y Kung Lao seguían bajo vigilancia.
El policía y el soldado estaban en medio de una conversación casual, el monje decidió aprovechar su aislamiento para una sesión de meditación. Pero por más que lo intentaba, no podía concentrarse. No era capaz de desprender la mirada de esa herida que tenía en el brazo, que le recordaba el motivo de su encierro.
–¿Qué estoy haciendo mal? Ya he hecho esto antes… ¿Por qué no puedo hacerlo ahora…? – se dijo el monje a sí mismo. –
–Oye Jax, ¿Qué le pasa a este sujeto? – preguntó el policía. –
–¿Kung Lao?, está tratando de meditar. – dijo el soldado levantando los dos dedos en el aire –. Pero se ve más frustrado de lo normal. –
–¿Por qué motivo crees que sea? – volvió a preguntar Stryker. –
–Él siempre presume de chorradas cómo, “el honor y la gloria shaolin”. –
Ya sabes cómo son esa clase de personas.
La herida y la conversación de esos dos eran algo que no podía ignorar.
Se miró en el reflejo del metal.
Ese espejo improvisado le dio una pequeña, pero potente epifanía. Recordó una de las lecciones que tuvo con Raiden. Mientras meditaba, le dijo una frase que en un inicio no le prestó atención, pero que ahora en retrospectiva, tenía más sentido.
«El hombre más inteligente, no es quien sepa más, es aquel que reconoce sus limitaciones»
Una cosa era segura. Si quería vencer este virus y recuperar su dignidad, debía aceptar su encierro en esa celda.
Con esto, respiró profundamente, y volvió a su meditación. Esta vez había logrado silenciar los ruidos de su entorno, y calmar su mente para que pueda procesar mejor su entorno.
Tal vez no consiga la paz completa, pero sabía equilibrar su ego con su deber divino. O eso esperaba él.
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Thoughts
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PermalinkLas únicas cebollas del capítulo son las del chiste de Johnny, y con eso le sacó media sonrisa a Sonya. Payaso será, pero ojo tiene.
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PermalinkDespués de la bronca de Liu Kang, Kung Lao se pasa el capítulo mirándose la herida, y solo logra meditar cuando deja de pelearse con la celda. Sub-Zero anda en lo mismo pero suelto, con miedo a terminar como Noob Saibot, y a él le va a costar más.
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