Aupa. Sub-Zero no levanta cabeza: pierde a Smoke, pierde a Cyrax, y ahora le toca separar a Scorpion de lo que queda de su hermano. Para mí Quan Chi tocó los recuerdos de Noob. Y la dosis de Connors cada tres días me da más miedo que cualquier horda.
7-Aislamiento Sensible
Pensamiento
Aupa. Sub-Zero no levanta cabeza: pierde a Smoke, pierde a Cyrax, y ahora le toca separar a Scorpion de lo que queda de su hermano. Para mí Quan Chi tocó los recuerdos de Noob. Y la dosis de Connors cada tres días me da más miedo que cualquier horda.
Contenido de la publicación
7
Aislamiento
37 días de la pandemia
Los equipos de rescate estaban haciendo la mayor cantidad de evacuaciones posibles, salvando a la mayor cantidad de personas posibles. Desde México, hasta China.
Mientras Fuerzas Especiales se movían, los tres equipos principales regresaban a la base. Sin embargo, cargando con una victoria agridulce.
Sub-Zero tenía una mirada caída, ya que estaba procesando el sacrificio de Cyrax, sin olvidar que aún estaba de luto por la pérdida de Smoke.
Raiden miró al guerrero helado y preguntó:
–¿Qué sucedió? –
–Cyrax… él… –
Raiden comprendió sus palabras, y posó su mano en su hombro. En eso, la General Sonia Blade apareció de improvisto en la sala, ordenando:
–Traigan al Dr. Connors, ¡Ya! –
Al escuchar la orden, los soldados se movieron a buscar al científico.
Raiden miró el hombro de Jax, comprendiendo que había sido mordido. El tiempo en que sucedió, fue hace unas horas, por lo que apenas mostraba los primeros síntomas.
Johnny miró la escena y preguntó:
–¿Qué pasó con el grandote? –
–Es una larga historia… – dijo el soldado, mirando al actor. –
–Oye, amigo. Sonya me contó mucho de ti, y no me dijo que eras un torpe descuidado. –
–Él me salvó… – dijo la soldado – Un infectado iba a morderme, pero él se interpuso y recibió la mordida en mi lugar. –
–Oye, el que salva rubias hermosas, soy yo, ¿si amigo? – dijo Johnny mirando a su compañero. –
–Cállate, Cage… – dijo Jax. –
–Recuerda quien te salvo en las calles. – dijo Sonya con firmeza. –
Pero, antes de que se desate otra discusión, alguien más entró en la sala soltando un grito:
–¡Ayuda! –
Era Liu Kang, quien entró hiperventilado, con un Kung Lao febril posado sobre su hombro.
–¡Necesita ayuda! – gritó el campeón. –
De la misma puerta por la que entró el monje, llegaron Kitana y Jade.
Raiden miró a Kung Lao, con los ojos abiertos a su máxima capacidad.
–Oh no… – dijo el dios del trueno, mirando a su alumno infectado. –
–¿También fue mordido? – preguntó Sonya acercándose al monje herido. –
–Él pensó que podía con todo, y se lanzó de forma imprudente… – dijo el otro monje algo inquieto. – Intenté detenerlo, pero al final… lo atacaron por sorpresa… –
En eso, llegó el Dr. Connors a la sala y preguntó:
–Por todos los cielos, ¿qué está pasando aquí?… –
Se dio cuenta de los infectados.
–Fueron mordidos durante la evacuación. – explicó Sonya – Necesitamos la vacuna experimental. –
El médico asintió y dijo:
–Llévenlos a mi laboratorio. –
–¡Si señor! – dijeron los soldados. –
Con esto, Jax y Kung Lao fueron puestos en camillas, y llevados hasta la habitación donde se encontraba Stryker.
***
El policía seguía en su celda de contención, mirando el techo. Al parecer la vacuna experimental estaba funcionando. No había tenido vómitos o mareos, pero aun así, era dependiente de las dosis que le daba el Dr. Connors cada tres días.
Stryker alzo la mirada desde su celda, cuando escuchó las puertas abriéndose. Y para su sorpresa, miró a sus dos compañeros en camillas. Ellos tenían marcas de mordidas y síntomas de fiebre. Claramente estaban infectados.
El Dr. Connors administró sus dosis a cada uno por separado, y tras esto, los médicos asistentes les pusieron batas azules y los encerraron en celdas de contención.
Luego de atenderlos y aislarlos, Kung Lao se quedó plantado en la orilla de su cama. Sin su sombrero o su ropa habitual, se sentía expuesto.
El monje se miró las manos temblorosas, sus ojos estaban bien abiertos. Se quedó quieto por un momento, antes de apretar sus dientes y golpear las paredes metálicas con todas sus fuerzas, haciendo que estas retumben.
–No puedo creerlo… ¡Simplemente no puedo creerlo…! – Kung Lao comenzó a quejarse – ¡Nos han encerrado como malditos animales!, Se supone que soy un Shaolin, ¿cómo puede ser posible que por culpa de un maldito infectado acabe en esta celda? –
–Cierra la boca… – dijo Jax en su celda – El motivo por el cual estás aquí, es por tu maldita culpa. Tu estúpido ego y descuido hicieron que acabaras encerrado en este cristal. ¡Así que deja de actuar como un niño y compórtate como el adulto que eres! –
Kung Lao apretó los dientes y exclamó:
–Tú también estás encerrado aquí, a ti también te infectaron. ¿Qué te da el derecho de silenciarme? ¡Tú no eres mi padre para regañarme como un niño! –
–Eso es verdad… ambos estamos encerrados en estas celdas… la diferencia es por qué… – dijo el Mayor, ya más calmado – Yo terminé infectado porque solo pensé en salvar a Sonya. En cambio, tú, solo pensabas en tu estúpida competencia como si entrenar y salvar la tierra fuera un juego del rey de la horda. –
Kung Lao no tenía argumentos para contrarrestar eso, así que solo se dio media vuelta y decidió no mirar al hombre más grande por un largo rato.
***
38 días de la pandemia
Mientras los tres prisioneros estaban en sus respectivas celdas, Scorpion, Sub-Zero y Noob Saibot estaban en otra misión de rescate. Con los espectros preparando un camino seguro, y el Lin Kuei ayudaba a los supervivientes a escapar.
Los tres estaban en un estanque. Sub-Zero se encontraba mejorando sus tácticas de hielo, Noob Saibot estaba descansando en la sombra de un árbol, y Scorpion mirando su reflejo en un estanque.
El ninja de fuego fue testigo de cómo esta enfermedad arrebató familias y hogares. Por un momento, unos fugaces recuerdos de su vida pasaron por su mente.
Esas personas gritando de horror, e hijos en estado de shock al ver a sus padres convertidos en monstruos, hizo que recordara a una mujer en el piso, empapada en un charco de sangre, con un bebe partido a la mitad. El espectro se llevó las manos a la cabeza debido a una leve jaqueca.
El ninja se miró las manos por un momento. Ya estando en una zona segura, quiso aprovechar el momento para saber. ¿Por qué lo había hecho? ¿Por qué Noob Saibot había asesinado a su familia?
El espectro de fuego se puso de pie, para plantarle frente al ninja de las sombras y decirle:
–¿Por qué lo hiciste? –
–¿Hacer qué? –
–No te hagas el ignorante, ¿Por qué nos mataste esa noche? –
–¿Qué se te metió en la cabeza, Shirai Ryu? Estás diciéndolo en plural. –
Scorpion agarró a Noob de la ropa, y levantándolo ligeramente volvió a preguntar:
–¿Por qué mataste a mi familia? –
–No sé dé que me hablas… bastardo asesino… –
–Dejen de discutir. – dijo Sub-Zero interponiéndose – Tenemos una misión que cumplir, ¿Recuerdan? Así que muévanse. –
Al escuchar al Lin Kuei, Scorpion le espetó a su enemigo:
–Esto no se quedará así…
Con esto, le soltó la ropa, dejándolo caer al pasto con un golpe seco.
El espectro sombra se puso de pie, y de mala gana continuó su camino.
Sub-Zero miró a quien alguna vez fue su hermano. Quería saber, ¿por qué la persona que tanto quería y admiraba acabo convirtiéndose en ese monstruo?
***
Mientras los prisioneros seguían en sus celdas de contención, el Dr. Connors los monitoreaba. Los tres infectados estaban en batas azules, cada uno asimilando su nueva realidad de formas distintas.
Stryker tenía la cabeza baja, esperando que la vacuna funcione de verdad y no se vuelva una bestia hambrienta. Jax mantuvo la cabeza en alto, sabiendo que hizo lo correcto. Y Kung Lao en una esquina, sin ganas de comer o de siquiera levantarse de su cama.
El Dr. Connors se acercó a las celdas de dos de los tres prisioneros para anunciar:
–Sr. Briggs, Sr. Kung. Tienen visitas. –
Jax dio un profundo suspiro, mientras Kung Lao permaneció de piedra. Ambos ya se daban la idea de quienes se trataban.
La primera en llegar era Sonya, quien le habló desde el otro lado del cristal:
–Jax… he escuchado lo que dijo el Dr. Connors… solo quería asegurarme de que tú… estés bien… –
Posó su mano en el vidrio y dijo en un intento de sonar firme, pero estaba quebrada por dentro:
–No debiste salvarme, eres alguien valioso para toda la unidad… sin ti… no sé cómo… –
–Lo hice porque tú eres valiosa para mí. – dijo el Mayor con una ligera sonrisa, dejando de piedra a la soldado – Eres una gran líder… y lo has demostrado allá fuera. Además… mira a Stryker. Hasta ahora, no ha mostrado síntomas de dolores de cabeza o mareos, lo que significa que la vacuna está funcionando. Solo no pierdas la esperanza. –
La soldado miró con mano temblorosa a su amigo. Ella se mantuvo firme, y hacia todo lo posible para no romperse. Pero Jax dijo:
–No tienes que aguantarlo más… Nadie está hecho de acero… Siéntete libre de llorar, General. Eres humana después de todo. –
Eso hizo que Sonya estallara en sollozos y llantos. Apoyándose en la celda de su amigo.
Kung Lao escuchó todo el lloriqueo, con los ojos muy abiertos. Jamás se imaginó conocer esa faceta de la ruda y firme Sonya Blade. Aunque no miraba la escena, si podía escuchar su llanto.
***
No sabían cuánto tiempo había pasado. Pero finalmente, la soldado volvió a recuperar su postura firme, determinada en salvar a los reinos. No por su deber, sino por la gente que ella aprecia. Se retiró del laboratorio, dejando pasar a la siguiente visita.
Liu Kang había entrado. Acercándose a su amigo, quien estaba de espaldas:
–Kung Lao… soy yo. –
El monje del sombrero no tenía el valor para mirar a su amigo a la cara. Por eso no respondió. El campeón solo dijo:
–Quería verte, porque me preocupaste. –
El monje suspiró, intentando aparentar ser fuerte. Solo se levantó y se dio levemente la vuelta con su típica arrogancia:
–Oh vamos, Liu Kang. Estoy bien, sabes que esto no es nada. –
–¿No es nada? – dijo el campeón con voz quebrada – ¡¿Cómo que no es nada?! –
Ese tonó de voz dejó a Kung Lao petrificado. Jamás había visto a su amigo tan molesto en su vida. Liu Kang era alguien que normalmente permanece tranquilo, pero cuando alguien que le importa está en peligro, no dudaría en luchar con uñas y dientes.
–¡¿Tienes la más mínima idea en la posición en la que estás?! ¡Por tu maldita imprudencia, un infectado te mordió, y ahora estás encerrado en esa celda! ¡Deja de fingir que esto no es nada grave porque lo es! ¡¿Tienes idea de lo que hubiera pasado si te hubiera perdido?! ¡Abre los malditos ojos, Kung Lao, ya no tenemos 10 años! ¡Estamos peleando contra monstruos! ¡¿Qué pasara si te vuelves en una de esas cosas mañana?! –
Esas palabras dejaron de piedra a Kung Lao. Tenía los ojos abiertos a su máxima capacidad, intentando procesar esas palabras. Hasta que vio a su amigo, que temblaba y soltaba un sollozo inaudible que reprimía en su garganta.
Un sentimiento sofocante invadió el pecho del monje del sombrero, sentía como se formaba un nudo en su garganta.
–Liu Kang… yo… –
Él quería pedir perdón, pero, él no sabía si realmente se lo merecía. Pero solo se dio la vuelta y dijo:
–Necesito meditar… –
Liu Kang comprendió las palabras de su amigo, así que lo dejó solo.
Thoughts
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PermalinkJax también se lanzó sin pensar, igual que Kung Lao en el capítulo anterior, solo que por Sonya. Los dos acabaron con la misma bata azul, vale.
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PermalinkLiu Kang gritándole a Kung Lao a través del cristal fue para mí el centro del capítulo: es el que nunca pierde la calma y aquí se le rompe la voz por su amigo. Después de la mordida del capítulo anterior, esa amistad me tiene más enganchado que los infectados.
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PermalinkAupa. Sub-Zero no levanta cabeza: pierde a Smoke, pierde a Cyrax, y ahora le toca separar a Scorpion de lo que queda de su hermano. Para mí Quan Chi tocó los recuerdos de Noob. Y la dosis de Connors cada tres días me da más miedo que cualquier horda.
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