Sin miedo a las palabras,
el silencio abraza tu silueta,
mi mente se mantiene inquieta
mirando desde el rincón tus huellas.
La distancia se corta en un quizás,
una esperanza entre la tormenta,
dulce ave que hace poco aprendió a volar,
cierro el libro pero sigues en la portada.
La maldición del poeta es describirte,
solo puedo imaginarte y perderte,
tocar tu realidad e intangiblemente romperte,
quiero pero no puedo sacarte de mi mente.
hago todo y tu no haces nada,
ilusión que estas en mi mesa y en mi cama,
en mis sentidos anidas cada temporada,
la impotencia limita tenerte rodeada de mis palmas.