Y aquí me hallaba yo, ahogando en los vicios mundanos de este putrefacto mundo, con un popurrí de gente, alguna bella por naturaleza y otra bella del alma. Creo que no pertenezco a ninguno de los dos grupos, y está maldito mi corazón, maldito de envidia, de rabia, de odio y de la más profunda tristeza; hundido y manchado por mi pasado. Errores cometidos y por cometer me hacen este hombre inseguro e infeliz, pero cada cicatriz en mí tiene su razón de ser.
La inocencia arrebatada, como quien quita a una prenda una pelusa; pero está bien, porque lo viví yo.
La insignificancia de mi voz y la presencia de molestia cada vez que sus decibelios aumentaban; pero está bien, porque lo viví yo.
La concepción de mi mente como una jaula enorme que, quizás, con matices brillantes, logró enjaular al animal despiadado y triste de su interior; pero está bien, porque lo viví yo.
Con esto queda en claro de dónde provienen estas ganas de gritar en silencio a través de los versos más profundos e inexpertos, a decir verdad, pero que para mí son la encarnación de mi persona.