Cuando lo extraño demasiado, a veces vuelvo a leer nuestros mensajes.
No porque quiera regresar necesariamente, sino porque durante unos minutos puedo volver a sentir esa versión de nosotros que todavía vive en esas palabras.
Leo cómo nos hablábamos, las cosas que nos hacían reír, los pequeños detalles que en ese momento parecían tan normales y que ahora se sienten tan lejanos.
Al principio sonrío.
Pero después mis ojos comienzan a llenarse de lágrimas.
Porque recordar también significa aceptar que esas conversaciones pertenecen a un momento que ya no existe.
Y quizá eso es lo que más duele: no extrañar solamente a una persona, sino extrañar cómo me sentía cuando todavía podía hablar con ella sin saber que algún día iba a necesitar volver a esos mensajes para sentirla cerca.
Entonces cierro la conversación.
No porque haya dejado de importar, sino porque algunas veces recordar demasiado también nos hace olvidar que tenemos un presente que seguir viviendo. 💜