Mis ensayos en los suelos, mis cuadernos empolvados, los libros sobre mi cama, sobre el azulejo, pisoteados, sobre la ventana, mojados, sobre la basura, vomitados, sobre todo, menos sobre mis ojos.
Indignante manera de existir; aprender a vivir es todo el secreto de este elixir: a estar, a ser, a reír.
No querer levantarse mi alma del llano; apreciándolo está ella, ella lo aprecia, ella se deja llevar por lo que siente. Yo solo soy su testigo ocular.
No poder reír, no querer más tristes vocablos, no más palabras en agonía, no más lectores que de mí se rían.
¡Sucios lectores! Si tan solo sintieran lo que siento...
Ingenuos, las palabras siempre se han hecho de última opción, ya que las primeras eran siempre tragedia; la forma de expresar es eso: la última opción que queda.
Sentido hacia la vida: ¿por qué ella misma no puede darse el sentido? ¿Por qué uno tiene que dárselo? Como si no fuera suficiente ya estar existiendo.
Mi ser no entiende, al menos no qué pasa.
No comprender bien el sentido en la balanza.
No más, no más versos tristes, no, ya no más; seguiré aunque no entienda el porqué.
— Jorge Guzmán