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Vision #1. REVELACIONES

TANKA

Contenido de la publicación

EL CIELO TAMBIÉN PUEDE HABLAR
Pensé mucho antes de escribir esta visión.
Porque una cosa es contar mis sueños y mis pesadillas...
y otra muy diferente es contarle al mundo que alguna vez vi algo que, hasta el día de hoy, no sé cómo explicar.
No me preocupa que alguien piense que estoy loco.
Tampoco me preocupa que me llamen mentiroso.
No estoy buscando que nadie me crea.
Arriba, alguien sabe que amo la verdad.
Lo que realmente me hizo dudar fue otra cosa.
Esta visión siempre ha sido para mí una especie de regalo del cielo. Una de esas experiencias que uno guarda en silencio y recuerda cuando la fe parece quedarse pequeña.
Por eso me pregunté:
¿Vale la pena compartirla?
Hoy creo que sí.
Así que voy a contarla como la recuerdo.
Y tú, lector, serás libre de interpretarla.

1996
Era 1996.
Lo recuerdo perfectamente porque era un año bisiesto.
Yo tenía nueve años.
Estábamos en Apulo, Cundinamarca, un pueblo cercano a Bogotá. Era enero y la familia estaba allí por las ferias y fiestas.
En esos días el pueblo parecía vivir para el exceso.
Comida.
Música.
Alcohol.
Baile.
Deseo.
Diversión.
Los adultos se preparaban para las noches de fiesta mientras los niños pasábamos los días en la piscina.
Era un lugar donde enero parecía tener sus propias reglas.
Incluso de noche, desde el río, podían escucharse las llamadas “canciones de amor”.
Pero una mañana todo fue diferente.

5:45 A.M.
Me desperté muy temprano.
Creo que eran aproximadamente las 5:45 de la mañana.
Todos dormían.
No había suficientes camas para tanta gente, así que algunos estaban tirados en el suelo, profundamente dormidos después de la noche anterior.
Había mosquitos.
Moscas.
Cuerpos dormidos por todas partes.
Pasé entre ellos cuidadosamente.
Yo solamente quería salir a ver el amanecer.
Alguien me había dicho que mirar el cielo de enero podía regalar cosas sorprendentes.
No sabía cuánto.
Cuando salí de la casa de mi madre y miré hacia arriba...
me quedé petrificado.
El cielo estaba cambiando.
Las nubes se movían a una velocidad que jamás había visto.
Y comenzaron a formar figuras.
No simples siluetas.
No manchas.
Figuras.
Tenían detalles.
Movimiento.
Expresión.
Como si alguien estuviera dibujando sobre el cielo mientras yo observaba.
Y todavía hoy recuerdo cada transformación.

I. LA BATALLA CELESTIAL
Primero vi dos fuerzas enfrentándose.
Parecían ejércitos.
Caballos.
Jinetes.
Dos bandos chocando violentamente en medio del cielo.
Todo se movía con una velocidad impresionante.
Yo tenía nueve años.
No pensé en demonios.
No pensé en profecías.
No pensé en el fin del mundo.
Simplemente levanté las manos y saludé.
Como si aquellos seres pudieran verme.
Como si yo estuviera presenciando algo extraordinario y ellos simplemente estuvieran demasiado lejos para responderme.
Las dos fuerzas continuaron chocando.
Hasta que aquella batalla comenzó a girar.
Todo se convirtió en una espiral.
Y la espiral...
se transformó.

II. EL GRANJERO Y LAS MANZANAS
De aquella espiral apareció un hombre.
Un granjero.
De cuerpo completo.
Era enorme.
Tenía el cabello crespo y una barba abundante.
Se veía fuerte.
Musculoso.
Vestía una camisa a cuadros, como esas que uno imagina en un hombre acostumbrado a trabajar la tierra.
Pero había algo extraño.
Estaba feliz.
Empujaba una carreta llena de manzanas.
Y sonreía.
Una sonrisa limpia.
Una escena casi hermosa.
Me alegré al verlo.
Y pensé:
“Tal vez Dios me está mostrando algo.”
Yo ya había ido algunas veces a misa.
Ya tenía una idea de Dios.
Aunque, sinceramente, en aquel momento no quería sermones ni religión.
Solo quería ser un niño.
Volví a levantar las manos.
Volví a saludar.
El hombre seguía siendo gigantesco.
O quizá el cielo simplemente lo hacía parecer así.
Ocupaba una parte enorme del firmamento.
Pero no respondió.
Pensé que quizás estaba demasiado lejos.
Entonces ocurrió algo.

III. EL ATAQUE DE LAS GÁRGOLAS
Las nubes comenzaron a moverse todavía más rápido.
Y detrás del granjero apareció algo.
Algo con forma de demonio.
Se acercó por la espalda.
Y lo mordió en el cuello.
El granjero reaccionó con dolor.
Se llevó las manos al cuello.
Y entonces...
las manzanas desaparecieron.
La carreta comenzó a cambiar.
Lo que antes parecía alimento se transformó en criaturas.
Murciélagos.
O quizá gárgolas.
Todavía no sé qué eran.
Pero eran miles.
Millares de formas oscuras revoloteando alrededor de aquel hombre.
Fue entonces cuando sentí miedo.
Mucho miedo.
Y por primera vez pensé:
“¿Estoy soñando?”
Pero entonces apareció alguien más.
Un ciclista.
Era normal que personas de los condominios salieran temprano a hacer deporte.
El hombre venía por el camino.
Se detuvo.
Miró hacia arriba.
Y yo le pregunté:
—Señor... ¿usted está viendo lo mismo que yo?
Me dijo que sí.
En ese momento dejé de sentirme completamente solo.

IV. EL PRÍNCIPE DEL MUNDO
Las criaturas seguían alrededor del granjero.
Él continuaba retorciéndose de dolor y rabia.
Y entonces comenzó otra transformación.
Su cuerpo desapareció.
Y se convirtió en una cabeza gigantesca.
Una cabeza coronada.
Una figura enorme suspendida sobre la Tierra.
Y aquella cabeza...
se burlaba.
No sé si me miraba a mí.
No sé si miraba al pueblo.
No sé si miraba a toda la humanidad.
Pero parecía burlarse de la Tierra.
Giraba lentamente sobre su propio eje.
La expresión era aterradora.
Había algo en aquella figura que no puedo describir completamente con palabras.
Era poder.
Orgullo.
Maldad.
O quizá simplemente el miedo de un niño tratando de darle un nombre a algo que no comprendía.
Entonces comenzó a salir el sol.
Y mientras la luz aparecía...
la cabeza desapareció.
Las criaturas desaparecieron.
El granjero desapareció.
La batalla desapareció.
El cielo volvió a ser cielo.
Las nubes volvieron a ser nubes.
Y yo quedé en silencio.
Entonces ocurrió algo que todavía recuerdo.
El ciclista volvió a pasar por el mismo camino.
El único camino.
Ya no se detuvo.
No me miró.
Simplemente siguió adelante.
Y yo pensé:
¿Cómo podía volver a pasar por el mismo lugar justo después de aquello?
No tuve respuesta.

Después despertó mi familia.
Ningún adulto prestó atención.
Mis primos se burlaron de mí.
Y el mundo continuó como si nada hubiera ocurrido.
Pero para mí...
algo había ocurrido.
Hoy tengo 39 años.
He leído la Biblia.
He pensado mucho sobre Dios, sobre el bien, sobre el mal, sobre los ángeles, sobre Satanás y sobre la rebelión.
Y ahora, mirando aquella experiencia desde la distancia de casi tres décadas, no puedo evitar preguntarme:
¿Aquella figura coronada era simplemente una interpretación que mi mente infantil construyó a partir de las nubes?
¿Fue una coincidencia extraordinaria?
¿Fue una experiencia sobrenatural?
¿Era un símbolo?
¿O solamente fui un niño mirando el cielo mientras las nubes hacían lo que las nubes hacen?
No lo sé.
Y quizá nunca lo sepa.
Hoy podría llamarlo un principado de maldad.
Podría relacionarlo con aquel querubín que quiso ser como Dios.
Podría buscar respuestas en las Escrituras.
Pero hay algo que intento no olvidar:
el niño que lo vio no sabía nada de eso.
Él solamente estaba allí.
Mirando.
Asombrado.
Saludando al cielo.
Primero con alegría.
Después con miedo.
Y finalmente en silencio.
Quizá por eso esta visión nunca desapareció de mí.
Porque tal vez algunas experiencias no vienen para ser explicadas.
Tal vez vienen para ser recordadas.
Durante años, cuando mi fe se debilitaba, regresaba mentalmente a aquella mañana.
A aquel cielo.
A aquella figura.
A aquel niño de nueve años preguntándose qué demonios estaba viendo.
Y ahora, mientras escribo esto por primera vez, siento algo extraño.
Como si finalmente hubiera dejado una carga en el suelo.
Como si durante todos estos años hubiera llevado conmigo una pieza de un rompecabezas que nunca supe dónde colocar.
Tal vez mis sueños.
Tal vez mis pesadillas.
Tal vez mis visiones.
Tal vez todo esté conectado.
O tal vez no.
Pero hay algo que sí sé.
Yo lo vi.
Y durante casi treinta años he llevado aquella mañana conmigo.
Ahora, por primera vez...
la dejo aquí.
Para que tú decidas qué significa.


Thoughts

  • Amortes22

    Que hermoso guardar estas visiones y después ver la realidad, es increíble cuando acertada lo sucedido!!! Te creo si pasan!!!

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  • rgomez1404

    Casi al final dices que hoy podrías ponerle nombre a la figura coronada, con las Escrituras en la mano, y te frenas para no olvidar que el niño no sabía nada de eso. Yo también tengo esa tentación de explicar lo que me pasó con lo que aprendí después, y casi siempre lo aprendido termina tapando lo visto.

    Por eso me quedo en el niño que levanta las manos y saluda dos veces sin respuesta. Apuesto a que esa mañana te ha servido más sin nombre que con uno.

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  • Carlabe

    Te creo absolutamente.

    De pequeña con mi hermana vimos literalmente a papá Noel en un trineo en el cielo de noche.. las únicas que lo vimos el 24 a la noche esperando la navidad.

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  • guadalupe

    Mis primos tambien se reian de todo lo que yo contaba de chica. una aprende a guardarse las cosas y luego salen solas, ya de grande

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  • CrimsonMoon21

    me encata muy descriptivo

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  • reviso_la_app_otra

    Nomás con el niño pasando entre los cuerpos dormidos a las 5:45 ya iba nervioso, neta, y eso que el cielo ni empezaba 😅

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