Cuarta Parte:
Resistencia de la Costura Gramatical,
Se cuenta que...
Es cierto…
Y es cierto…
Que la resistencia de la Costura Gramatical…
Es el vínculo más fuerte del universo.
Que es Indestructible al Tiempo, en que la costura es inmune al paso de los años, al óxido y al desgaste físico. Los edificios vestidos con ella pueden soportar cataclismos porque el hilo no retiene materia, retiene el concepto de la estructura.
Que es cierto…
Y es cierto…
Que es vulnerable a la Paradoja y la Mentira, cuando en el cuándo, la costura gramatical solo puede ser destruida por el sin sentido. Si un Sujeto intenta realizar una acción que contradice lógicamente su Artículo o su identidad básica, se genera una paradoja. Esto hace que el hilo que se caliente por la fricción lógica hasta que se corta con un sonido seco, dejando un "Agujero de Drama" expuesto.
Y en esto me devano, como un halar de sustancias de mausoleos en las que resisto y soy tuyo…
Me entrego a Ti…
Pero no te Pertenezco…
Doncella…
viii
Mi propio ego se resquebrajó y con el dolor de encontrarme tan lejana de Diomedes, yo, Anémona, la de los ojos que entreveían la verdad, captó por un momento el futuro que por y para mí existiría.
Diomedes me dio las herramientas al nacer. Él era un Pudiente y me vi comprender que lo que debía hacer era, y solo era, dialogar y forjar en las justicias de los costureros con una gloria alucinada en el que él me habría buscado. Y medí el tiempo, y escribí una nueva narrativa en la que, de algún modo, mi propio capricho de Amor, del, errar de los sueños, como regadío de sueños mansos en las que los relojes de ese terreno en el que la muerte parecía dormir.
ix
Karka me entrevió forjar la propiedad que me pertenecería sólo a mí, y ella, y tan sólo ella hizo un recuento de los rascacielos de Sutura: una veintena a la que debía enfrentar como nadie más podría merecer. La narrativa en un tiempo detenido, a veces es sorpresa para las cosas que retuve en mi propio interior.
Así que forjé las herramientas que me ayudarían a arribar a los rascacielos desde el interior y desde el frente. Y fui secundada por los Sastres Reales que en esos tiempos se conoció como lo más sagrado, y que pudieron despertar las cosas que yo misma, me habría negado en un principio: descubrir a esos gigantes desde el interior.
Así que construí valentía a mi alrededor, y me imponerme ante la misma Karka que eran tan alta como los faroles de ese mundo sin estrellas, con el que coronaba Sol en la noche y la Luna el día. Y sentí en el cuerpo una agitación de tanta fortaleza que estuve a punto de gritar del solo dolor que me causaba enfrentarme a todos ellos; tan hermosos como terribles.
Por favor, escúchenme, espíritus de la creación, permítanme auxiliar a estas criaturas que no imitan a nadie, ni siquiera a sí mismos. Yo misma repondré su llanto que no cesa, su eco maldito, su temple inhiesto. He suplicado por ustedes, ante el mismo Destructor, ¿por qué se niegan a yacer ante el fuego purificador que les otorgaría la mayor de las bendiciones?
Me vislumbré danzar en su oscuridad. En ese crepúsculo gobernado por las estrellas, que guardaban en el interior. Me vi danzar en su oscuridad, y uní las suturas de esos templos apagados que me sobrevinieron como una tormenta que empezó a destellar a lo lejos, entre ellos, sobre ellos, dentro de ellos.
No me podía marchar. Debía ayudarlos.
Y los sastres que auxiliaban a todos con sus retazales me sobrevivieron con un tiempo que anduvo hacia adelante y hacia atrás de modo muy lustroso y diferente. Me mareé como nadie y estuve a punto de volcar mis estómagos de corazones hacia afuera. ¿De quiénes son hijos?, pregunté, y no tuve respuesta más que su respiración. Como si estuvieran a punto a despertar por poco o por nada. ¿Quiénes son en realidad?
x
Uno de los rascacielos perdió su propia instancia y se removió un poco antes de ser abrigado con otro parche de telares, por parte de los sastres reales. Cosí en ese telar un puente entre los más cercanos a mí, que se postraban justo al amparo de mis dedos. Mis mejillas se tiñeron de cicatrices al igual que esas costuras, y me vi perder el equilibrio como nadie más pudo perder la noción de lo que hacía.
Oh, Querido Diomedes, ¿qué debo hacer? Son muy afanosos, tercos. No me escuchan. Sutura, oye mis plegarias, permíteme hincarme ante ti, como una sierva ante uno de los espíritus más de puertos a los que ansío llegar con entre sus sublevadas puertas.
Y ellos me respondieron, al mismo tiempo, con un trueno por voz:
Dryamsualanis no negocia con leyendas. Déjennos vivir con esta justicia. No es deshonesto, mucho menos deshonrado. Somos una sola entidad, y lo que hagas, no nos hará manchar con la lumbre de tus hilos, ni de tu costura. Vete y no sigas con esta empresa. Nos rehusaremos a postrarnos ante ti; ni ante tu amante, ni salvaremos a tu amiga de la maldición que ella misma se ha forjado para retenernos.Vete y no vuelvas jamás.
Tronó el cielo, y cayó una lluvia que hería como nadie. Abrió en mí las heridas que ellos mismos habían retenido en sus lienzos y el entallado estalló. Las costuras se desmoralizaron hasta volcarse como agua. Presencia de céfiros tornaron mi rostro de piedra caliza, ante los acontecimientos de lo que se mecía más allá de mi consciencia.
Abracé a Karka como si se me fuera la vida en ello, conforme recibía la cascada que ese continente me asaltaba de manera contundente y sin reparo, y ella, como una madre tan protectora, volcó su corporeidad más amada. Y lo que habían unido los costureros con la lumbre de lo espiritual, también se hizo de una llave en la que me vi arremeter para que no se extraviase.
Todos ellos, tan anonadados, como Karka y como yo.
Entonces en mí estalló una parte de mí misma, me vi timbrar mi estomago de corazones. Me vi desvanecerme ante los llamados de auxilio de la propia Karka, y supe, en ese momento, tras un lapso que me pareció eterno, entre remolinos y enjambres de invierno, que yo debía medirme con esas cosas a las que no conocía más que sentir y de nombre. Pero no de corazón.
Y entonces no supe nada más.
Tan sólo me susurraste un nombre, que alcancé a escuchar como pude ante de desvanecerme,
Y me anunciaste que eras, Dryamsualanis, y que cambiarías el universo.
Para Siempre y para todos,