Podrido por el azúcar y el popurrí
de rehenes libres que apuntan por un desdicho,
un cínico modo de irse del paraíso,
un cómo, un dónde, un pero y un por ti.
.
Y esto es así cuando acorta, el detrás, su alarido
y se escucha, su lengua en mi boca, pedir por ayuda.
Lo demás es quebrarse al volver a los días hasta el mismo
rincón donde arranca, la tralla, a San Lázaro en pugna
.
y querer desgraciar la minuta del mes porque irrita
tener que mirarle a los ojos sin que urda y adame
de mi pecho, como antes ha sido, la sal de la vida.
.
Es, si quiera, un encuentro entre yo y las razones que abrumen
a cualquiera que quiera tomar, para sí, nuestra espina
aunque arruine mi calma y mi sed por un novio que tuve.