A veces me asalta el miedo de querer irme antes de que me despidas. Me aterra pensar en tu partida y en revivir esa herida conocida: la de ver cómo los demás se van, cómo nadie decide quedarse. Te imagino como un pájaro que alza el vuelo sin avisar, como un cuento al que le robaron el final, como el atardecer que apenas dura un instante o un eclipse que solo viene a maravillarnos un momento para después huir.
Y me pregunto si tú serás la excepción; si serás como el infinito que nunca se termina o si, por el contrario, serás un viento leve que pasa sin dejar rastro. Quizá solo seas una lección velada: la de enseñarme a amar un rato para luego aprender a soltar.
Aunque la duda me queme por dentro, en el fondo solo mantengo una esperanza: que elijas quedarte conmigo y que esto, al fin, sea para siempre.