A veces me pregunto si alguna vez tú también tuviste ganas de volver, o si solo fui yo quien nunca aprendió a soltarte.
Porque hubo días en los que yo todavía esperaba. No necesariamente que aparecieras de repente, sino que en algún momento sintieras esa misma necesidad de regresar a donde alguna vez fuimos felices. Me preguntaba si alguna canción también te hacía pensar en mí, si algún lugar te llevaba de vuelta a nuestros recuerdos, si alguna noche te quedabas pensando en todo lo que dejamos atrás.
Nunca supe la respuesta.
Y quizá eso fue lo que más me costó aceptar: que mientras yo intentaba entender lo que había pasado entre nosotros, tú simplemente estabas viviendo tu vida lejos de mí.
Yo sí tuve ganas de volver muchas veces.
Tuve ganas de buscarte, de preguntarte cómo estabas, de saber si todavía quedaba algo de todo aquello que alguna vez sentimos. Pero también entendí que extrañar a alguien no significa que debas regresar a su vida.
Porque durante mucho tiempo confundí no poder soltarte con seguir queriéndote.
Pensaba que si todavía te recordaba, entonces significaba que una parte de mí seguía esperando. Pero con el tiempo descubrí que también se puede extrañar sin querer volver, recordar sin buscar y querer a alguien desde lejos sin necesitar que vuelva a ocupar el mismo lugar.
Lo que no sé es si tú alguna vez sentiste lo mismo.
Si alguna vez miraste hacia atrás y te preguntaste qué habría pasado si hubiéramos hecho las cosas diferente. Si alguna vez te dieron ganas de escribirme y decidiste no hacerlo. Si alguna vez me extrañaste en silencio, así como yo aprendí a extrañarte sin decirlo.
Probablemente nunca lo sabré.
Y quizá tengo que aceptar que algunas preguntas no tienen respuesta, por mucho tiempo que pase.
Pero hay algo que sí sé ahora: no quiero pasarme la vida esperando descubrir si tú también quisiste volver.
Porque tal vez mientras yo esperaba una señal tuya, la vida estaba intentando enseñarme que soltar no siempre significa dejar de sentir.
A veces significa dejar de esperar.
Y quizá esa fue la última cosa que tuve que aprender de ti:
que no necesito saber si alguna vez quisiste volver para finalmente elegir seguir adelante.