¡Pasarmiedo.com y la ouija virtual en la cabina! Nací tarde para eso, lo busqué y ya no existe, qué coraje 😭
Tercer capítulo del libro autobiográfico que nunca acabé en 2018
CHAPTER II: “EL NIÑO GORDO”
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Pensamiento
¡Pasarmiedo.com y la ouija virtual en la cabina! Nací tarde para eso, lo busqué y ya no existe, qué coraje 😭
Contenido de la publicación
CHAPTER II: “EL NIÑO GORDO”
A diferencia de mi madre, mi padre sí ocupo un lugar importante en mi infancia. Recuerdo que siempre jugábamos a las peleas, él no tenía problemas en ser brusco conmigo y tratarme como a un “varón”, de echo me hacía cómplice de sus palomilladas; cuando salíamos a pasear y veíamos a una chica guapa andando por ahí él me instigaba a ir y preguntarle literalmente : “¿oye, quieres ser mi mamá?”; de pronto él intervendría y se inventaría una historia trágica diciendo que es padre soltero o viudo, eso para causar simpatía o compasión y así poder seducir a alguna joven ingenua; no recuerdo si esta situación se dio en varias ocasiones pero sí en por lo menos una, qué se yo, tal vez mi padre lo hacía por bromear, aunque no puedo negar que fue un puto, siempre se inventaba excusas para pelear con mamá, y así poder largarse al night club o discoteca por su supuesto enojo.
Más que puto, fue cobarde, pero siempre intentó ser buen padre… a veces yo lo sacaba de quicio, con mis malas calificaciones, travesuras y algunas de mis ocurrencias. Una vez para la época de navidad, fui con él y mis tías a escoger un pavo para la cena, el gran problema es que los pavos estaban vivos, de hecho en ese lugar aterrador sólo tenías que apuntar a la víctima con el dedo para sentenciar su muerte. Yo teniendo como ocho años más o menos, me daba cuenta de lo que estaba pasando y lejos de ignorarlo me llenaba de ira e impotencia. Con toda esa sensación en mis entrañas a unos pasos de mí, vi de espaldas a un hombre grande, sucio y fornido con un cuchillo en mano que estaba a punto de cortarle el cuello a un pobre pavo indefenso; me enfoqué en la raya negra y sudorosa que se lograba ver por encima de su pantalón y tomando viada fui corriendo hasta él y ¡plum! le metí un enérgico patadón en el culo antes de que pueda perpetrar el asesinato, sentí por un momento como mi pie fue engullido. Mi padre estaba detrás de mí esperando con pavor la reacción del hombre, mientras yo lo insultaba, ¡asesino, asesino!, con vergüenza se disculpó y me jaló del brazo, por suerte el mastodonte entendió. Es obvio que me dio una gran gritada, pero a la vez, yo creo, comprendía la nobleza infantil que mi corazón poseía. Yo amaba a los animales, aunque debo confesar que a veces los trataba mal, pero nunca de forma consciente, tal vez los juegos toscos que tenía con mi padre me hicieron pensar que estaba bien. A veces agarraba una maleta de ruedas, ponía a mi perrito allí lo encerraba y soltaba la maleta por las escaleras, estúpidamente pensaba que se divertiría, pero obviamente era todo lo contrario, aún me arrepiento mucho de haber hecho eso. Ahh, pobre toffee, era un perrito bueno, pero mi padre se lo regaló a una señora porque pensó que era maricón, y eso sólo porque les lamía las bolas a otros perros, tal vez las encontraba sabrosas. Bueno eso dijo él, pero yo sé que es porque miodia el desorden y la suciedad. Lloré mucho el día en que ya no vi más a toffee, mi padre me mintió y me dijo que seguro se había escapado, y yo como una niña tarada que era hice mis anuncios con lápiz y los pegué por varios postes de mi barrio pensando ilusamente que quien lo encontró los vería y me devolvería a toffee.
Pienso que toda esa rudeza que tenía era en gran parte por su influencia, siempre fui considerada “la niña machona”, odiaba que me llamaran bonita o linda, no me interesaba jugar con muñecas, tenía una conducta temeraria, no me daban miedo los bichos ni nada que a las demás niñas sí, y en general detestaba todo lo que a ellas les gustaba. Incluso cuando algunas personas mayores me decían: “no hagas eso, tú eres mujercita”, me enfurecía tanto que contestaba, ¡No, yo soy hombre!, y así lo pensé durante algunos pocos años de infancia. Sin embargo debo admitir que a veces jugaba a las muñecas por así decirlo, más que todo por complacer a una amiga que tenía en ese entonces, que también a veces me complacía en los juegos extraños que yo quería jugar, ella a diferencia de mí era una niña esbelta, delicada y ejemplar, ¿por qué me juntaba con ella?, o mejor dicho ¿por qué ella me tenía como amiga?, no lo sé, tal vez por la cercanía de nuestras viviendas. Recuerdo que yo siempre iba a su casa o ella venía, para pasar las tardes de los fines de semana o de los días en los que no teníamos muchas tareas. Mi padre siempre me solía comparar con ella, y decirme “ay, mira tu amiga, qué bien se porta”, “mira, que atenta”, “¿por qué no eres como ella?”, y tantas cosas más. Hasta que una vez él mismo le prohibió venir a casa, y a mí ir a la suya, y todo porque ese año reprobé matemática y recibí una de las tundas de mi vida. No volví a salir con ella nunca más.
A parte de mis intereses “varoniles”, siempre tuve una afición extraña por los asuntos de terror o de misterio. En esas épocas las cabinas de internet estaban de moda recientemente en mi ciudad, por lo que yo casi todos los días alquilaba una cabina por lo menos por una hora y me metía a una página que se llamaba Pasarmiedo.com, era muy interesante, habían audio relatos, juegos, ouija virtual, todo con una trama terrorífica o gore. También en las mañanas de vacaciones mientras mis padres se encontraban en el trabajo mi pasatiempo favorito era poner una película de terror, mi padre tenía varias en su colección, entre mis favoritas se encontraban: “Jeeppers Creeppers”, “The Grudge” “Las colinas tienen ojos”, “Evil Dead” y el mítico “El exorcista”. Mientras veía alguna de ellas nunca faltaba un bocadillo, mi preferido era el pan con mantequilla y mermelada; había ocasiones en las que me empujaba más de diez. Debido a tanto tragar era una bola, literalmente, pero no me importaba tanto hasta inicios de la pubertad, claro. Papá siempre bromeaba sobre mi peso, no pensaba que ya tenía suficiente con el bullying que recibía en la escuela, el cual solo consistía en llamarme “gorda chancha”, y obvio hacer alusiones a eso.
Aunque se me permitieron e instigaron malas costumbres alimentarias y mi principal culpa fue hacer de la comida mi principal compañero. Un día de sufrir tanto bulling, se me ocurrió una de las tantas ideas tontas que tuve, me envolví el abdomen con cinta maskintape porque segun yo iba a reducir centimetros; recuerdo que mi madre se espantó al encontrarme haciendo tal ridiculez, luego oí como fue a reclamarle a mi padre que yo estaba así porque el se burlaba de mi, recuerdo que fue doloroso y absurdo retirarme esa cinta. Después de sucesos similares me llevaron a una nutricionista que meprohibió comer cosas que me gustaban, entre ellas el yogurt industrializado, chocolates, papas fritas, pan con mantequilla… Sufrí un tanto por la adicción que me había generado el comer en exceso, pero fue por mi bien. Logré bajar algunos kilos por la dieta, pero el bulliyng en el colegio continuó, y no yo seguí atiborrandome de comida a escondidas, no me importaba la gordura ni lo que pensaran de mí, ni como me vieran, eran épocas muy felices diría yo.
Thoughts
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Permalink¡Pasarmiedo.com y la ouija virtual en la cabina! Nací tarde para eso, lo busqué y ya no existe, qué coraje 😭
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PermalinkLa amiga de al lado que el papá le prohibió por una nota de matemática. Suena a que esa pérdida pesó más que la tunda, aunque se cuente en dos líneas.
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PermalinkLos anuncios de Toffee hechos a lápiz y pegados en los postes, sin saber que tu padre te había mentido. Me hace pensar en lo poco que se nota desde fuera lo que un niño busca, y apuesto a que por eso esa escena va casi escondida entre el pavo y las películas de terror. Gracias por subir estos capítulos aunque el libro se quedara en 2018.
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PermalinkEse mastodonte con el cuchillo que se aguanta la patada y entiende, mientras el padre pide disculpas muerto de vergüenza. A mí me tocó un compañero así en la descarga, grande como un armario, que se ponía colorado si un crío le decía algo. Apuesto a que esa noche contó lo de la patada en su casa riéndose. Pero lo de asesino gritado delante de todos le tuvo que quedar, ho.