Eran las tres de la madrugada, no dormía. Esta vez el insomnio me había capturado otra vez... enredándome entre las inquietudes cotidianas y mis recuerdos. Iba y volvía...
Tomé mi taza de café, y bebi el ultimo sorbo ya frío, y al machacar la colilla del cigarrillo en el cenicero...Sonó el teléfono, me sobresalte.
Me fui acercando un poco temerosa y preocupada al teléfono, que estaba en la mesa de luz. Al ver el número de donde me llamaban, el corazón comenzó a latir más fuerte de lo normal. Y en diez segundos mi mente me recordó que ya nadie vive allí, que ni siquiera existen quienes la habitaban. Pero igual atendí... dije: hola tímidamente, y del otro lado me respondieron: Hola mi vida, por fin me atendes. Era la voz de mi padre, que se fue hacia su cielo hace mucho tiempo...
¿Papá? murmure llorando mientras me cubría la boca con mi mano después de esa pregunta.
Él me dijo: ¡Si! soy yo, te estoy devolviendo la llamada, para saber si estas bien.
Yo no puedo llamarte papá, susurre...
Y él respondió: Lo hiciste, mi vida... Cuando esta noche, te acordaste de mí.