A veces uno se cansa de ser fuerte todo el tiempo. Pasamos los días haciendo lo que nos toca, cumpliendo con las cosas de la vida, y por fuera parecemos tranquilos. Pero por dentro hay un cansancio que no se quita con dormir, una tristeza que se queda callada en el pecho.
Yo no pedía cosas grandes, ni regalos, ni grandes palabras. Era algo mucho más sencillo, de verdad. Yo solo quería abrazos. Solo eso quería: quería sentir amor. Quería ese lugar seguro donde uno pueda cerrar los ojos, aflojar el cuerpo y no tener que cargar con todo uno mismo.
Duele un poco darse cuenta de que a veces andamos por ahí aguantando todo, con los brazos cruzados para protegernos, cuando lo único que necesitamos es poder desarmarnos un poquito en los brazos de alguien y sentir que importamos.