Se que no cambiarás
y que por eso me decepcionarás
y contigo no quiero estar,
pero el invierno es tan frío y yo tan sola,
que a poco voy cambiando de parecer; hasta desaparecer.
Estoy segura de que no quiero que vuelvas,
pero tu me das vueltas.
Aquella puesta de sol me sentí acogida, refugiada en tus caricias,
erizas mi piel, pero no te quiero conocer, para que no tengas que volver.
Ni siquiera se tú nombre y ya quieres besarme;
yo tan ignorante, sin haber pensado en rechazarte.
Terminé aceptando mi destino, que tú serás mi castigo.
No sé que hacer para que te des cuenta,
que ya no quiero ser a quien se dirija tu imprenta.
Y aún así quiero tocarte, sentirte...
Porque estoy tan triste, tan sola,
que eres lo único que mi corazón añora.
Francisca Antonia