Cuando era chico, el sol era distinto, tenía otro brillo. De eso estoy seguro, aunque no recuerdo en que fecha es que cambió su tinte.
Las tardes eran más amarillas, los ocasos más anaranjados.
Tengo grabado en la mente fotos del parque donde jugábamos a la pelota. No siempre era fútbol. Hasta la tierra donde el pasto ya no crecía era mas clara.
Recuerdo también los días de lluvia cuando salíamos a hacer navegar nuestros barquitos de papel en los charcos, pero curiosamente esos días no eran grises.
¿Desde cuándo esos días grises aparecieron?
Había, recuerdo, un día en que las mariposas llegaban. Todas juntas, no venían de a poco. Las amarillas, las blancas las “monito”, mas grandes, y las del limonero, enormes y tan difíciles de ver y alcanzar.
Era el comienzo de la época más feliz del año, pasaban a ser parte del paisaje del parque que, curiosamente también cambió.
En eso unos cuantos estamos de acuerdo. El tamaño del parque.
Es muy notable la diferencia, ese parque era enorme, tenia de todo, desniveles altísimos, árboles con copas inalcanzables y una extensión que hacia que llegar a la punta fuera una hazaña que dejaba cosquillas.
¡Llegar en bici a ese extremo! Mirando para todos lados, que no fueran a vernos ir tan lejos…
Volver algunas décadas después a verlo debería alegrarme, pero no, me indigna ver que ahora es muy chico. Los árboles son como todos, no son más enormes como eran antes .El parque no es tan grande, camino hasta la punta y no pasa nada.
Decía que las mariposas anunciaban el comienzo de la época más feliz del año, llegaba el calorcito los días más largos y las noches en las que los vecinos se quedaban hasta tarde en la vereda para vernos jugar a la escondida. Las madres salían de a una a llamarnos, a los gritos, porque la cuadra también era mucho mas grande, para ir a comer. Ahí comenzaba la negociación.
-Un ratito más maaa.
-NO, vamos que ya es tarde
-Pero a los chicos los dejan, un ratito más.
-Esta bien, 10 minutos más, pero que no tenga que venir a buscarte de nuevo.
Y así iban apareciendo las madres o abuelas en las puertas de la cuadra llamándonos, hasta que quedaban pocos amigos y todos dejábamos la calle para ir a comer.
Pensarán que vivo de recuerdos, que la nostalgia nos hace pensar que todo tiempo pasado fue mejor y que esa distorsión perceptiva se debe a cosas naturales.
Que ilusos.
Hasta el Terri, mi perro, era enorme y hoy en las fotos se ve chiquito al lado de mi viejo.
Nadie me va a convencer, el sol antes era mas amarillo.