Lo que pedís es honestidad real, en cada paso. Eso es lo que hace la diferencia.
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Quiero un matrimonio donde seamos amantes, mejores amigos, socios y dos individuos completos.
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Pensamiento
Lo que pedís es honestidad real, en cada paso. Eso es lo que hace la diferencia.
Contenido de la publicación
Quiero un matrimonio donde seamos amantes, mejores amigos, socios y dos individuos completos.
Quiero elegir a un hombre que me dé seguridad sin quitarme libertad; que tenga liderazgo sin necesidad de controlarme; que sea ambicioso y exitoso, pero emocionalmente trabajado; sensual, divertido y curioso, pero responsable con su palabra.
Quiero admirarlo y sentir que él también me admira.
Quiero una relación donde podamos hablar de nuestras fantasías, deseos, miedos, errores y partes oscuras sin convertir la vulnerabilidad del otro en un arma.
No quiero que el matrimonio mate nuestra sexualidad. Quiero seguir conquistándonos, viajar, experimentar, jugar, tener citas, sorprendernos y descubrir nuevas versiones del otro.
No necesito decidir hoy que nuestra sexualidad tendrá que ser estrictamente monógama durante toda la vida. Podría estar abierta a explorar juntos determinadas experiencias si ambos realmente las deseamos, siempre desde acuerdos explícitos, consentimiento, honestidad y protección.
Pero para mí libertad no significa traición. Si acordamos monogamia, somos monógamos. Si algún día acordamos otra cosa, los límites cambian porque ambos lo decidimos, no porque uno decidió romperlos en secreto.
Quiero conservar mi feminidad, mis amistades, mis proyectos, mis intereses y mi individualidad, y quiero que él conserve los suyos. No quiero dos medias personas intentando completarse; quiero dos personas completas construyendo una tercera cosa: nuestro hogar.
Quiero poder contarle quién fui sin sentir que estoy compareciendo ante un tribunal. Que pueda escuchar mi pasado y comprender que está eligiendo a la mujer que ese pasado ayudó a construir.
Quiero proteger y sentirme cuidada y consentida.
Quiero poder desconectarme y entregar el timón y guía.
Y quiero que dentro de 20 años podamos mirarnos y pensar: hemos cambiado muchísimo y todavía nos elegimos.