Las arrugas y los cuerpos que ya no se parecen a los del principio, a los treinta se escriben como promesa. A mí, con cincuenta y tantos, me tocan cada día al levantarme, y hombre, se sigue eligiendo, pero con bastantes menos palabras que en este poema.
Si Algún Día Me Conoces De Verdad
Pensamiento
Las arrugas y los cuerpos que ya no se parecen a los del principio, a los treinta se escriben como promesa. A mí, con cincuenta y tantos, me tocan cada día al levantarme, y hombre, se sigue eligiendo, pero con bastantes menos palabras que en este poema.
Contenido de la publicación
No quiero que me quieras solamente
por la versión de mí que sabe sonreír,
por las noches en las que todo parece fácil
o por la forma en que intento hacerte feliz.
Quiero que me conozcas de verdad.
Quiero que conozcas mis silencios,
esos que aparecen cuando algo me duele
y no encuentro la manera de explicarlo,
cuando digo “estoy bien”
aunque por dentro esté tratando de no romperme.
Quiero que conozcas mis miedos,
los que nunca digo en voz alta,
los que escondo detrás de un “no pasa nada”
porque a veces es más sencillo callar
que admitir cuánto me importa algo.
Quiero que conozcas mis contradicciones,
mis días buenos y mis días imposibles,
la parte de mí que ama demasiado
y aquella que, por miedo a perder,
a veces quiere alejarse primero.
Y aun así,
quiero que te quedes.
No porque tengas que salvarme,
ni porque yo necesite que alguien lo haga,
sino porque quiero saber
que cuando me conozcas completamente
no vas a sentir que conociste a la persona equivocada.
Porque amar a alguien cuando todo es bonito
es fácil.
Lo difícil es mirar a esa persona
cuando está cansada de ser fuerte,
cuando no sabe qué quiere,
cuando se encierra en sí misma
y ni siquiera sabe cómo pedir un abrazo.
Ahí quiero encontrarte.
No para arreglarme,
sino para sentarte a mi lado
y decirme sin palabras
que no tengo que fingir que estoy bien
para merecer que me quieras.
Quiero un amor que no tenga miedo
de las conversaciones incómodas,
de los silencios largos,
de las verdades que duelen,
de reconocer que a veces
los dos podemos equivocarnos.
Quiero que podamos mirarnos
después de una discusión
sin convertir el orgullo en una despedida.
Que podamos decir:
“Esto me dolió.”
“Esto me dio miedo.”
“Esto no lo entendí.”
Y en lugar de buscar quién tuvo la culpa,
busquemos cómo no volver a lastimarnos.
Porque yo no quiero ganar discusiones.
Quiero conservarte.
Pero tampoco quiero perderme a mí misma
intentando conservar a alguien.
Quiero que nuestro amor tenga espacio
para que los dos sigamos siendo nosotros,
sin dejar de ser un “nosotros”.
Quiero que me quieras
sin intentar apagar lo que soy,
que puedas conocer mis sueños
y no sentir que compiten con los tuyos.
Quiero conocer también tus heridas.
Las que todavía no cicatrizaron,
las que te cuesta nombrar,
las que aprendiste a esconder
mucho antes de conocerme.
Quiero saber qué cosas te hicieron desconfiar,
qué pérdidas te cambiaron,
qué palabras todavía recuerdas,
qué partes de tu pasado
todavía viven un poquito dentro de vos.
No para juzgarte.
Para entenderte.
Porque quizá amar
también sea aprender el idioma
en el que la otra persona dice
“tengo miedo”
sin pronunciar esas palabras.
Quiero aprenderte.
Aprender cuándo necesitás espacio
y cuándo en realidad necesitás que te abrace.
Aprender qué cosas te hacen reír,
qué recuerdos te hacen llorar,
qué sueños te dan miedo
y cuáles todavía no te animaste a contarle a nadie.
Quiero conocer esas pequeñas cosas
que nadie más presta atención.
Y quiero que vos conozcas las mías.
Que sepas cuándo mi silencio significa tristeza,
cuándo significa cansancio
y cuándo simplemente necesito
que te quedes cerca sin preguntarme nada.
Quiero un amor que no necesite demostrarse
todo el tiempo para ser verdadero.
Que exista en una mano buscando la otra,
en una mirada desde el otro lado de la habitación,
en un mensaje preguntando
“¿llegaste bien?”
En esas pequeñas cosas
que nadie publica
pero que terminan significándolo todo.
Y si algún día la vida nos cambia,
si dejamos de ser quienes éramos
cuando nos conocimos,
quiero que tengamos la curiosidad
de volver a conocernos.
Porque sé que no voy a ser siempre la misma.
Vos tampoco.
Vamos a crecer.
Vamos a cambiar.
Vamos a tener sueños nuevos,
miedos nuevos,
versiones nuevas de nosotros.
Y aun así,
quiero seguir encontrándote.
No quiero prometerte
que nunca voy a fallarte.
Quiero prometerte algo más real:
que si alguna vez te lastimo,
voy a escucharte.
Que si alguna vez me lastimás,
voy a intentar hablar antes de irme.
Que si alguna vez nos perdemos,
vamos a buscar el camino de vuelta
si los dos todavía queremos encontrarnos.
Porque para mí,
el amor verdadero no es nunca querer irse.
Es poder irse
y aun así elegir quedarse.
Es tener razones para cerrar la puerta
y encontrar una razón más fuerte
para abrirla otra vez.
Y si algún día llegamos a viejos,
si nuestras caras cambian,
si aparecen arrugas donde antes no había nada,
si nuestros cuerpos dejan de parecerse
a los que teníamos cuando empezó todo...
quiero que todavía exista esa mirada.
Esa que diga:
“Te conozco.”
“No sos la misma persona de aquel día.”
“Yo tampoco.”
“Pero después de todo este tiempo,
todavía sé quién sos.”
Y quizá ese sea el amor que estoy buscando.
No alguien que me prometa
que jamás va a cambiar.
Sino alguien que cambie conmigo.
Alguien que no me ame solamente
por cómo me veía cuando me conoció,
sino por todas las personas
que voy a llegar a ser.
Alguien que pueda mirar mi pasado
sin usarlo en mi contra.
Que pueda mirar mi presente
y elegirme.
Y que pueda mirar mi futuro
sin saber exactamente qué encontrará
y aun así quiera estar ahí.
Porque si algún día te amo de verdad,
no voy a necesitar que me prometas eternidad.
Solo voy a necesitar que seas sincero.
Que cuando ya no haya mariposas,
haya cuidado.
Cuando haya miedo,
haya honestidad.
Cuando haya distancia,
haya intención.
Cuando haya heridas,
haya paciencia.
Y cuando llegue ese día
en el que todo sea difícil...
que nos miremos.
Sin orgullo.
Sin máscaras.
Sin escapar.
Y que, después de todo lo vivido,
uno de los dos pueda decir:
“Quizás no sabemos cómo termina esta historia.
Pero todavía quiero escribirla con vos.”
Y el otro pueda responder:
“Entonces quedémonos.
No porque sea fácil.
Sino porque después de conocernos de verdad...
todavía vale la pena elegirnos.” ❤️
Thoughts
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PermalinkElegir quedarse. Sí.
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PermalinkLas arrugas y los cuerpos que ya no se parecen a los del principio, a los treinta se escriben como promesa. A mí, con cincuenta y tantos, me tocan cada día al levantarme, y hombre, se sigue eligiendo, pero con bastantes menos palabras que en este poema.
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PermalinkAprender el idioma en que el otro dice que tiene miedo sin decirlo me suena a lo mas dificil de una pareja, porque cada uno trae el suyo de casa y nadie te lo traduce. Se nota que este y el de los dias grises salieron del mismo sitio, casi como una serie. Me gusto leer los dos seguidos :)
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PermalinkEl mensaje de si llegaste bien no lo publica nadie, y es lo primero que se nota cuando deja de llegar. Ojo, que eso no sale en ninguna foto.
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