En esta séptima apertura Seemaran se pasa media página diciendo lo que no es antes de decir a qué viene. Va descartando nombres con fastidio, de Ha-Satan a Luzbel, y el único donde se detiene a explicar con calma es Helel, la estrella que se apaga de golpe al amanecer.
Ahí se le nota que ese nombre le queda demasiado cerca. Mi apuesta es que todo esto termina en esa caída repentina, que por algo la menciona dos veces, primero con el rey de Isaías y luego con los humanos arrojados al abismo.