Las goteras que nadie arregla y la familia acostumbrándose a la lluvia de adentro: fíjate que no me acuerdo de una ranchera que diga eso. Todas lloran por el que se va y casi ninguna por la casa donde uno se queda.
Rota
Pensamiento
Las goteras que nadie arregla y la familia acostumbrándose a la lluvia de adentro: fíjate que no me acuerdo de una ranchera que diga eso. Todas lloran por el que se va y casi ninguna por la casa donde uno se queda.
Contenido de la publicación
Solía estar completa. Reía, jugaba, bailaba.
Hubo un tiempo en que estaba entera. Reía sin esfuerzo, bailaba sin miedo, vivía sin tener que fingir. Era feliz. Era yo, antes de convertirme en los restos de alguien que ya no sabía cómo volver a existir.
Cuando comenzó a derrumbarse? No de golpe, no con el estruendo de una catástrofe, sino lentamente, pedazo a pedazo, grieta por grieta, hasta que aquello que alguna vez creí indestructible empezó a desmoronarse
Al principio fueron goteras. Pequeñas filtraciones que parecían insignificantes, tan fáciles de ignorar que nadie se molestó en repararlas. Después llegó el agua. Primero, unas gotas; luego, un torrente que comenzó a inundarlo todo. La humedad se apoderó de las paredes y un moho negro se extendió en silencio, devorando cada rincón, volviendo el aire cada vez más denso, más difícil de respirar, aquello quizás había sido un recordatorio
Y así, sin que nadie lo notara, el cuerpo comenzó a enfermar. Lentamente. Silenciosamente. Hasta que incluso respirar se convirtió en un esfuerzo.
La casa seguía en pie, pero lo que alguna vez fueron los sueños y esperanzas de una familia ya no existía
Creciste. Aprendiste a reconocer las grietas, a distinguir las manchas de humedad, a vivir en el agua sin embargo, nadie estaba allí para repararlas. Todos seguían viviendo entre aquellas paredes, fingiendo que nada ocurría
El agua avanzaba noche tras noche, arrasando con todo aquello que alguna vez había sido tuyo. Y nadie lo veía. O quizá lo veían, pero era más sencillo acostumbrarse a las goteras que preguntarse por qué llovía dentro de la casa.
Lo más extraño es que nadie pareció notar el derrumbe mientras ocurría. Nadie preguntó por qué las paredes se agrietaban, por qué el aire se volvía irrespirable, por qué cada habitación comenzaba a parecerse un poco más a una ruina. Simplemente, aprendieron a vivir así.
Pero cuando dejaste de reír como antes, cuando ya no bailabas, cuando tu silencio comenzó a ocupar el espacio que antes llenaba tu alegría, aparecieron las preguntas.
¿Qué te pasó? ¿Por qué ya no sos la misma?
La respuesta había estado frente a sus ojos durante tanto tiempo. En cada gotera ignorada, en cada grieta sin reparar, en cada noche en que el agua lo inundaba todo mientras nadie se levantaba a buscar una solución.
Pero nadie la vio. O nadie quiso verla.
Y entonces comenzaron mis propias preguntas.
¿Cómo se recuperan los pedazos de una casa derrumbada? ¿Cómo se recogen los escombros sin cortarse las manos con aquello que alguna vez nos protegió? ¿Cómo se vuelve a llamar hogar a un lugar en el que una ya no se reconoce?
Me lo preguntaba cada noche, intentando encontrar entre las ruinas alguna señal de lo que había sido. Una pared intacta. Una habitación a salvo. Algo que me demostrara que no todo estaba perdido.
Pero ¿cómo reconstruir una casa cuando ni siquiera sabés en qué momento comenzó a derrumbarse? ¿Cómo distinguir los daños que todavía pueden repararse de aquellos que llevan tanto tiempo ahí que ya forman parte de la estructura?
Quizá lo más triste no sea ver una casa caer, sino descubrir que, mientras intentabas sostener sus paredes, también te estabas desmoronando con ellas.
Y todavía me pregunto qué habría pasado si alguien hubiera reparado la primera gotera.
A veces pienso que podría haber sido diferente. Otras veces, miro los escombros e intento recordar cómo era vivir allí antes de que el aire se volviera irrespirable.
No sé si aquella casa todavía puede reconstruirse. Tampoco sé si, aun reconstruida, volvería a sentirse como un hogar.
Solo sé que, durante mucho tiempo, confundí seguir en pie con estar entera.
Y ahora no sé qué significa estar entera
Thoughts
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PermalinkLo del cuerpo que empieza a enfermar sin que nadie lo note me hizo leer la casa de las dos maneras a la vez, la de la metáfora y la de verdad: hay casas con humedad que enferman a quien vive adentro, y se tarda años en verlo. Que tu primer texto acá llegue con una imagen así se agradece.
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PermalinkLas goteras que nadie arregla y la familia acostumbrándose a la lluvia de adentro: fíjate que no me acuerdo de una ranchera que diga eso. Todas lloran por el que se va y casi ninguna por la casa donde uno se queda.
Solía estar completa. Reía, jugaba, bailaba.