13 de octubre del 2020
Se había aburrido de escucharles,
gritarles y repetirles:
—Déjenme en paz.—
Ellos ahí estaban, riéndose en su cara,
como si fuese divertido el torturarle,
como si fuera placentero el verle llorar.
Las voces se hacen más fuerte y en su cabeza, sus pesadillas y sus demonios batallan por ser el centro de atención.