A veces, como seres humanos, evitamos descansar por el simple hecho de pensar en cómo estamos y en cómo nos sentimos. Evitamos cualquier encuentro con nosotros mismos por miedo a descubrir qué nos sucede, por miedo a preguntarnos por qué estamos cansados, por qué algo nos duele, por qué ya no tenemos las mismas ganas o por qué ciertas cosas dejaron de hacernos sentir como antes.
Porque mientras estamos ocupados, tenemos algo que hacer. Podemos distraernos, correr de un lugar a otro, entrenar, estudiar, hablar con alguien o simplemente llenar nuestros días de cosas. Pero cuando todo se queda en silencio, aparecemos nosotros.
Y quizás eso es lo que más miedo nos da.
Encontrarnos con pensamientos que llevamos demasiado tiempo evitando. Reconocer que estamos cansados. Aceptar que algo nos está afectando. Admitir que necesitamos parar.
Pero ¿por qué debería asustarnos tanto reconocer que no estamos bien?
Muchas veces creemos que ser fuertes significa aguantarlo todo, seguir adelante aunque estemos agotados y no detenernos hasta conseguir lo que queremos. Pero si nunca nos permitimos descansar, podemos terminar con todo revuelto dentro de nosotros. El cansancio físico se mezcla con el emocional, las preocupaciones con nuestros pensamientos y, poco a poco, empezamos a sentir que ya ni siquiera sabemos qué nos está agotando.
Seguimos intentando hacer todo como si nada estuviera pasando, hasta que nuestra mente y nuestro cuerpo nos obligan a detenernos.
Por eso descansar no debería ser algo que hacemos únicamente cuando ya no podemos más. Debería ser algo que aprendamos a permitirnos antes de llegar a ese punto.
Hay días en los que simplemente no quieres hacer nada. Quieres quedarte en tu cama, escuchar música, mirar el techo, dormir, pensar o simplemente estar. Y quizás pensamos que estamos desperdiciando el día, cuando en realidad estamos dándonos un espacio que necesitábamos desde hace tiempo.
Permítete hacerlo.
No todos los días tienen que ser días de avances. Hay momentos en los que descansar es justamente lo que necesitas para poder volver a levantarte con un poco más de energía.
Descansar no significa que seas flojo. No significa que hayas perdido tu disciplina. No significa que estés retrocediendo.
También es disciplina saber cuándo parar.
Porque incluso quienes entrenan todos los días necesitan recuperar sus músculos. Entonces, ¿por qué esperamos que nuestra mente aguante sin descanso?
A veces no necesitamos respuestas. No necesitamos solucionar nuestra vida entera ni entender cada emoción que estamos sintiendo. A veces solo necesitamos acostarnos, respirar y permitirnos estar cansados sin sentir culpa.
Quizás, después de tanto tiempo intentando escapar de nosotros mismos, descubramos que descansar no era quedarnos atrás.
Era, por fin, darnos un momento para escucharnos.
Porque no siempre tenemos que saber qué nos pasa. A veces basta con reconocer que algo está pasando y permitirnos descansar antes de intentar solucionarlo.
Hay días para luchar por lo que quieres y hay días para recuperar fuerzas. Hay días para avanzar y otros para detenerte.
Y si hoy no puedes con todo, quizás no tienes que poder con todo.
Quizás hoy solo necesitas darte permiso para descansar.
Porque descansar también es una forma de cuidarte.