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Osa Mayor

Emiliano_Es_TK
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Me encontraba en el punto más mediocre de mi vida, ese en el que sabes que no todo podría salir bien.

Pensamiento

Pensamiento

Ovid

Las dos veces que cuentas 10 minutos, luego 15, 20 y una hora: la primera termina en nada y la segunda en todo. Me gusto mucho que con una sola palabra cambie la noche entera, y apuesto a que esa voz del uno, dos, tres va a seguir contando en lo proximo q

Las dos veces que cuentas 10 minutos, luego 15, 20 y una hora: la primera termina en nada y la segunda en todo. Me gusto mucho que con una sola palabra cambie la noche entera, y apuesto a que esa voz del uno, dos, tres va a seguir contando en lo proximo que escribas. Bienvenido, Emiliano! Que bueno que este sea tu primer texto :)

Contenido de la publicación

Me encontraba en el punto más mediocre de mi vida, ese en el que sabes que no todo podría salir bien.

Escuchaba una voz;

 ¡Uno, dos y tres! 

¿Quieres que valga la pena?

 ¡Pues hazlo de una vez!

Abrí los ojos y me vi en el campamento, rodeado de rostros que apenas reconocía y risas de niños familiares.

Volteé a ver las estrellas para admirarlas, pero no pude sacarme de encima el calor de la fogata frente a mí.

Fue algo extraño, la belleza del cielo, la oscuridad del bosque, el calor de la fogata, el frío de la brisa, no todo podía salir bien.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo, sentía todo y nada a la vez.

Me levanté para caminar a mi cabaña, mientras las risas y el sonido de la fogata se disipaban a lo lejos.

Llegué y me acosté; pensé que alguien podría llegar, que surgiría alguna conversación espontánea.

Pasaron 10 minutos, luego 15, 20 y una hora, y nada.

Durante esa hora todo se detuvo; fue como si no existiera, porque en cuanto volví a retomar la consciencia, la fogata y las risas seguían sonando.

Volví a salir de la cabaña.

Contemplé un rato más las estrellas, conté cada una de ellas e imaginé formas para hacerlas más bellas.

Quedé embobado, me perdí.

De un momento a otro, no había nadie alrededor, estaba solo con la oscuridad de la noche y con algo que me asustaba aún más, mi propia mente.

Sin embargo, no me angustié, mi corazón no latió más rápido.

 Eso me confundió.

Seguí caminando, tratando de recordar el camino que había seguido.

Habían sido días lluviosos, por lo que las huellas de mis zapatos aún se veían en algunas partes de la tierra húmeda.

Comencé a sentir frío, no recuerdo ninguna otra sensación, solo un frío que me erizó la piel.

Y por un breve instante, tuve un pensamiento: ¿Y si no regreso?

Fue ahí que lo entendí.

Siempre quise estar en la fogata, viendo las estrellas, nunca quise entrar a la cabaña.

¡¿Y qué hubiera pasado si al salir de la cabaña no hubiera visto las estrellas y me hubiera quedado en la fogata?!


¡Uno, dos, tres!

Con fuerza se esmera

Sus amigos no están 

Y ya nadie lo espera

Creía que no me importaba que nadie me esperara, y quizás lo era.

¿Pero quién no quiere ser visto?

Gritaría más fuerte aunque nadie me escuchara, me pondría imponente ante un oso para ahuyentarlo.

Solo quería ser visto, pero no todo podía salir bien…

A lo lejos vi una pequeña luz… ¡Era una linterna!

¡Si! Alguien había venido por mí.

No lo dudé, y corrí hacia esa luz, no me importaba nada más.

Pero mientras me acercaba, noté que esa luz, era demasiado cálida como para ser de una linterna.

Era una luz irregular, no parecía hacerme señales, solo estaba ahí.

Volteé hacia las estrellas de nuevo; vi una forma, una que me llevaba por el mismo camino del que provenía la luz.

Entonces caminé, luego corrí, pasaron 10 minutos, luego 15, 20 y una hora, y todo.

Llegué y no entendía lo que había encontrado.

Volví a sentir ese calor, esa fría brisa y vi esos rostros borrosos de nuevo, alzaron la mano para saludarme y me dieron la bienvenida. 

Me senté y comencé a reconocer esos rostros, solo un poco, pero no me parecía algo desconocido.

No dije ni una palabra, pero me sentí cómodo por un momento. Fue tanto que volví a voltear al cielo. Había menos estrellas que la última vez, pero quedé embobado.

Espera… 

¡PUTA MADRE!

¿Cuánto tiempo pasé viendo las malditas estrellas?

Regresé la vista, y los rostros se veían más borrosos que la primera vez.

Sabía que no todo podía salir bien… ¡Nada estaba saliendo bien!

Comenzaron a verme; se estaban riendo.

¡¿Qué era tan gracioso?!

Sentí el frío de la brisa, el calor de la fogata me consumía, pero el cielo seguía viéndose hermoso.

Cerré los ojos y pensé que solo por esta ocasión, y solo por esta vez,  todo podría salir bien…

Los abrí.

Sus risas eran más leves, parecían apenas estarme prestando atención.

Fue algo extraño.

Volteé al cielo de nuevo, núnca dejó de verse hermoso.

Sentí esa calma, ese alivio, y pensé que podía ser momento de descansar; me levanté, mientras las risas y el sonido de la fogata se disipaban a lo lejos.

Y para cuando lo noté, ya tenía la mano en la manilla de mi cabaña.

 Junto a la puerta cerrando la manilla después de entrar.

Volví a escuchar una voz

¡Uno, dos, tres!

Intenta una vez más, 

Toma la oportunidad 

O tu vida nunca cambiarás.

Emiliano Acosta Fernández


Thoughts

  • dlozano92

    Parce, yo me quedo con que al final vuelve a la cabaña. Después de encontrar otra vez la fogata cierra la manilla igual, y la voz le tiene que repetir lo mismo. Eso no me cuadra con un final tranquilo.

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  • Ovid

    Las dos veces que cuentas 10 minutos, luego 15, 20 y una hora: la primera termina en nada y la segunda en todo. Me gusto mucho que con una sola palabra cambie la noche entera, y apuesto a que esa voz del uno, dos, tres va a seguir contando en lo proximo que escribas. Bienvenido, Emiliano! Que bueno que este sea tu primer texto :)

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  • TeoSanabria

    Suena a campamento de cuando eras chico, por esas risas de niños que te resultan familiares y la cantaleta del uno, dos, tres que parece juego de patio.

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