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Nocturna parte 3

EngelAntigonia
Pensamiento

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cafe_frio

El informante practicando el sigilo y luego largándose a gritos por media calle, tío. Con amigos así Johnny no necesita a la policía.

El informante practicando el sigilo y luego largándose a gritos por media calle, tío. Con amigos así Johnny no necesita a la policía.

Contenido de la publicación

Las Negociaciones comenzaron en la guarida, dentro de mi despacho; el olor a humedad y a tabaco rancio nos recibió, pero Melanie no se tomó el tiempo para admirar la decadencia del lugar. Se giró hacia mí con una autoridad que no le correspondía a su edad.—¿Y qué es lo que sigue, señorita? —le pregunté, cruzando los brazos—. Parece que usted es el jefe y yo su secuaz.—Lo primero es deshacerse de la ropa —soltó de inmediato—. No quiero ir por la calle con usted a mi lado, y menos cuando toda la policía lo conoce. Le sugiero que deje el sombrero, la corbata y ese apestoso abrigo, debemos ir a un bazar a comprar lo que está de moda entre los hombres de su edad.Me reí en su cara.—¿Y qué me dice de usted? Esas joyas y ese abrigo de piel llaman más la atención que mi caricaturesca apariencia de detective. Si cree que me está embaucando con su cínico comentario para que deje mis joyas con usted, se equivoca.—Yo dejaré las joyas y el abrigo justo aquí , poco me importan—respondió ella, y su voz firme se quebró en mil pedazos—. Si quiere puede conservarlas, pero sepa que la joyería pertenece a Maxwell Deinos y está grabada con su nombre. Le pertenecían a mi madre...De pronto, la chica se derrumbó. Soltó un llanto inconsolable y se arrojó contra mi pecho. Me quedé helado. Yo no sabía cómo consolar a nadie, así que solo le acaricié la cabeza de una forma muy extraña, rígida y torpe. Su llanto era tan profundo que pareció que mi cinismo, por fin, había tocado un signo vital en su armadura.—Señorita... guarde la compostura y siga con el plan —le dije, apartándola suavemente—. Bien, las joyas y la ropa se quedan aquí. ¿Tiene dinero para ir a la boutique?—Sí, lo tengo —susurró, tragándose las lágrimas.—Bien. Quitémonos los disfraces y pongámonos la pijama.Le sequé una lágrima de la mejilla con el pulgar. Al hacerlo, noté en su rostro una expresión extraña. Una mirada de desamparo absoluto que solo notaba en mi difunta mujer, Stephanie, cuando yo también le sacaba las lágrimas antes de que todo se fuera al demonio. El recuerdo me quemó por dentro. Salimos del despacho ha escondidas, caminamos unas cuadras y tomamos un autobús. Nos bajamos en un bazar de ropa usada ,compramos algunas mudas que creíamos que los jóvenes usaban en estos días para pasar desapercibidos.El problema vino al regresar a la oficina.Mientras caminábamos de vuelta para recoger las cosas, sentí una presencia pesada a nuestras espaldas. Alguien nos estaba siguiendo. Melanie también lo notó; me tiró de la manga con discreción al salir del bazar.—Doble la esquina —le indiqué en voz baja.Así lo hicimos. Apuramos el paso, giramos en el callejón oscuro y nos pegamos a la pared para esperar a quien nos cazaba. En cuanto el rostro se asomó por la esquina, salté sobre él. Pero la tensión se convirtió en puro fastidio. Era un rostro familiar;"Timothée". Mi informante de las calles.—¿Qué haces aquí, Timothée? —le siseé, sujetandole el cuello de la camisa.—Estaba... estaba practicando el sigilo contigo, Johnny —dijo el muy idiota, frotándose la garganta—. Pero veo que aún no lo domino bien. ¿Quién es la dama?—Nadie que te importe. Vete de aquí y no molestes. Y no le digas a nadie que nos viste.—Está bien, John, soy una tumba —me gritó el muy idiota mientras se alejaba corriendo—. ¡Es bueno verte intentándolo con una chica, Johnny!Melanie se asustó con el grito y me jaloneó del brazo con pánico.—¡Ese estúpido va a hacer que nos maten!No podía hacer nada. Estúpido Timothée, siempre siendo un imprudente. Creo que aprendió del mejor. Cambio de Planes mi mirada se fué hacia la entrada de mi oficina a la distancia. El callejón ya no era seguro, y la presencia de Timothée significaba que cualquiera con ojos en la calle terminaría viéndonos entrar o salir.—Melanie, creo que esta vez es mejor ir a mi casa —le dije, dándome la vuelta.—¿El despacho no es tu casa? —preguntó ella, confundida por el cambio de rumbo.—No han tengo una agujero peor—respondí, apurando el paso hacia una dirección que nadie en la jefatura conocía—. No comes donde defecas. Perdón por el francés, señorita.

Thoughts

  • cafe_frio

    El informante practicando el sigilo y luego largándose a gritos por media calle, tío. Con amigos así Johnny no necesita a la policía.

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  • Ernestina

    Las joyas de la madre de Melanie grabadas con el nombre de Maxwell Deinos me dejaron pensando: uno graba su nombre en lo que considera suyo. Y en la misma escena Johnny se acuerda de que él también hacía llorar a su mujer. Me da que se parecen más de lo que quisiera, po.

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