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Nocturna parte 6

EngelAntigonia

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Las Llaves del CalderoXIII. El eco de los Encapuchados

Desperté mareado, arrastrando una náusea violenta. Un dolor insoportable me partía el vientre en dos y sentía el cuello hinchado, ardiendo por culpa de la porra eléctrica .Me encontraba amarrado en un lugar extraño, colgado de los brazos con los hilos de mi resistencia rotos, suspendido como Cristo en el calvario. A mi alrededor, cientos de personas encapuchadas formaban un círculo perfecto. Era como estar frente a las mismísimas puertas del infierno. Una luz lúgubre teñia la atmósfera con un destello demoníaco, mientras un coro ensordecedor de ruidos de animales salvajes me taladraba los oídos. De pronto, una figura imponente se quitó la capucha en el centro del altar. Era el comisionado de policía, Alister Browley. Sostenía una daga ceremonial que brillaba bajo la luz roja y balbuceaba oraciones en extraños dialectos antiguos. A unos pasos de él, otra figura encapuchada se descubrió el rostro. Era Timothée. Desperté aterrado, soltando un jadeo ahogado.Todo había sido una pesadilla. Nada de eso era real. Sin embargo, la realidad no era mucho mejor. Me encontraba atado a una viga en un sótano sucio y húmedo, rodeado por el eco de fugas de agua constantes y un aire denso que apestaba a heces y sangre seca.Una silueta emergió de la oscuridad absoluta. Era el bastardo de Timothée.XIV. El beso de Judas—Bastardo... Traidor doble cara... —le siseé en cuanto se acercó .Me quitó la mordaza con brusquedad. Lo primero que hice fue escupirle la saliva mezclada con sangre directo en la cara. Él se la limpió con la manga sin perder la sonrisa burlona. Metió la mano en su saco y sacó el grueso fajo de billetes que Melanie me había dado en la central.—Mira lo que me encontré, Johnny —dijo, abanicando los billetes frente a mis ojos—. Te dije que el crimen paga mejor. Y al contado.—Mira, maldito bastardo de Satanás —le respondí, clavándole la mirada—. Toma ese dinero y corre a ayudar a tu madre en el hospital. Que por lo menos tu miserable ser sirva para algo bueno en esta perra vida.La sonrisa de Timothée se borró de golpe. Su rostro se transformó con la furia incontrolable de quien ha sido ofendido de la peor manera posible. Pensé que me golpearía, pero no lo hizo. En su lugar, sus ojos se llenaron de lágrimas y comenzó a llorar de forma inconsolable.—Lo siento, Johnny... De verdad lo siento —sollozó, dándome la espalda—. Maldita canalla, yo no te veía como a un maldito mártir. Tal vez yo vaya al infierno por esto, pero gracias a ti es que mi madre se va a salvar.—Bastardo hipócrita, Timothée —le escupí, forzando mis brazos encadenados—. De verdad espero que ayudes a tu vieja, porque tú y yo ya estamos cruzando las puertas del infierno. Nuestras decisiones son las llaves del caldero. Aceptaste a Satanás en tu corazón el momento en que me vendiste a Deinos. Pero lo que más temo... es que fui yo quien te arrastró y te arrodilló a esta vida miserable.Timothée no pudo soportarlo más. Se quebró por completo, se arrojó sobre mí y me abrazó con desesperación, besándome las mejillas con más culpa y frenesí de las veces que Judas besó a Cristo en el monte.—Lo único que podemos hacer es alejar a los demás de nuestras vidas, Timothée —le susurré al oído, con la voz rota—. Firmamos con el diablo. Lo irónico es que creo que firmaste ese contrato el día que me conociste, no el día que decidiste traicionarme para trabajar con Maxwell Deinos. Él será el mismísimo Satanás, pero yo ya llevaba sus contratos antes de saberlo. Pero escúchame bien: si he de morir en este agujero, voy a tratar de matar al diablo. Y si debo sellarlo en los avernos conmigo adentro, que así sea. Y ten por seguro que tú estarás ahí abajo, ardiendo conmigo.

XV. El regreso de Mephistopheles

Un aplauso lento y seco cortó el llanto de Timothée. El crujido pesado de los escalones de madera anunció una nueva presencia. Desde las sombras de la escalera, el comisionado de policía Alister Browley apareció, caminando despacio, como si el propio Mephistopheles se acercara a reclamar una deuda. Mi cara de horror al verlo entrar —después de haber soñado con él hace apenas unos instantes— fue tanta que me quedé completamente mudo, helado.—Jamás había escuchado tantos halagos a mi jefe y a mi oficio de albacea —dijo Browley, con una sonrisa cínica que le deformaba las facciones—. Espero no interrumpir las promesas de amor, Johnny. Pero el gran jefe Deinos me dijo que me divirtiera contigo hasta que decidas decirnos a dónde demonios se dirige Melanie.El comisionado dio un paso al frente, sacando una navaja de afeitar de su chaleco.—Parece que el gato te mordió la lengua, Johnny —se burló, pasándose la hoja por la yema del pulgar—. Creo que tendré que enseñarte a deletrear. Debo de portarme bien con el diablo... o me castigará.

Thoughts

  • Yesenia

    Mirá vos, Timothée lo vende por la plata del hospital de la madre y al final es Johnny el que se carga la culpa, che, diciendo que él lo arrastró. Ese reparto me tiene re desconfiada.

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