No me dejes volver a morir, no me dejes en mi desierto.
En tu misericordia, devuélveme el sabor de tu palabra.
Permíteme saciar mi hambre a tus pies;
no quiero otra bebida, no quiero otra comida.
Del agua que tú das, solo esa me puede saciar;
tú eres el pan del cielo, el único que apaga mi necesidad.
No me dejes caminar perdido, sediento y hambriento.
Dame las fuerzas para continuar; no me dejes partir ni abandonar.
No me dejes volver a morir,
no permitas que el viejo hombre resucite en mí.
Ya no quiero vivir yo, solo sé tú en mí;
contigo estoy juntamente crucificado.
El viejo hombre no sabe a dónde ir ni qué hacer,
no entiende y nada quiere de ti.
No me dejes partir, eres mi vida entera,eres mi sol y mi esperanza.
Aunque dura sea tu palabra, ¿a dónde iré sin ti?
No me dejes claudicar, no me dejes abandonar…
¿Qué haré? ¿A dónde iré lejos de tu presencia?
¿A quién iré, si solo tú eres el camino, la verdad y la vida?
Déjame beber, déjame comer…
Aunque sean las sobras de tu mesa, son mejor que mi carne,
tienen más vida que mi propia vida.
No te apartes de mí, no me dejes ir;
acércame, corrígeme, guíame y úsame.
Eres mi luz, mi camino, mi única verdad…
Eres mi Padre eterno.