Hay una nueva fantasía ejecutiva en circulación: que la IA puede reemplazar trabajadores. Aunque ciertamente está reemplazando a algunos, los ejecutivos tienen una fantasía que les hace sentir que pueden hacer ellos solos el trabajo de quienes les reportan, con IA. ¡Que saben programar! Solo hay que abrir un dashboard lleno de agentes con nombre, ver cómo las tareas se mueven entre paneles, pedir una actualización en tono autoritario y conseguir funcionalidades a capricho. Se siente como un sueño, sobre todo cuando le pasas tus "grandes ideas" y la IA te dice que eres increíble. Hasta hay un término para ello ahora, psicosis de IA1.
Por eso mucho del entusiasmo ejecutivo por la IA ahora mismo se ve delirante desde fuera. No porque las herramientas no hagan nada. No porque nadie les saque valor. Cuanto más alto estás en un organigrama, más alejado estás del trabajo real y de los detalles. Los detalles que les gustan a los usuarios. Los detalles que la IA alucina y va erosionando de tu producto en su esfuerzo por acercarlo a la media con la que fue entrenada.
El problema de la adulación lo empeora. Los modelos actuales suelen estar demasiado ansiosos por sonar fluidos, serviciales y aprobadores, porque están entrenados con ese tipo de feedback. ¿El usuario quedó contento? Genial, entonces aprende de lo que hayas hecho en esa conversación. Pon eso en manos de una persona poderosa que ya vive a distancia de la contradicción y obtienes un bucle desagradable en el que tus empleados quizá intenten decirte que tu idea no es buena, pero la IA no para de decirte lo increíble que es y lo acertado que es hacerlo.
A la IA hay que pensarla como un becario-adicto-a-la-wikipedia-ansioso-por-agradar-y-puesto-de-coca, y dirigida por un experto de verdad. No le dirigirías a un becario en una cirugía a corazón abierto, ¿verdad? Pues no te hagas a la idea de que puedes controlar a la IA para hacerlo.
Y varios estudios, como este: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12805049/ que están recopilando información sobre gente que pierde la cabeza con ese bucle de retroalimentación adictivo que te hace sentir inteligente y comprendido.