Amo lo grotesco. No la violencia, no el gore. Amo eso que no se puede explicar y te hiela la sangre. "Que asco" digo, y lo sigo mirando y escribiendo. Miro mi cuerpo, o escucho a alguien hablar sobre mí, y tengo esta náusea extraña. No es desagrado, no es miedo. Es algo que no puedo explicar. Quizá una rendición. Y digo otra vez, "que asco", pero sigo escuchando, sigo observando, sigo sonriendo. Que asquerosamente dulce de tu parte decir que te importo y marcharte.
Ojalá pudiera vomitar mis órganos putrefactos.