Nada te quema más la cabeza que tratar de entender el porqué de algunas cosas.
Por qué cambió.
Por qué se fue.
Por qué dijo aquello.
Por qué hizo algo que nunca imaginaste de esa persona.
Y empiezas a darle vueltas a cada conversación, a cada detalle, intentando encontrar una explicación que haga que todo tenga sentido.
Pero hay preguntas que no tienen respuestas que nos den paz.
A veces nunca sabremos qué pasó realmente dentro de alguien para tomar determinada decisión.
Y seguir buscando ese “por qué” puede convertirse en una forma de quedarnos atrapados en algo que ya terminó.
Quizá sanar también consiste en aceptar que no vamos a entenderlo todo.
Que algunas cosas simplemente sucedieron.
Y aunque al principio duela no tener una explicación, llega un momento en el que prefieres tener paz antes que una respuesta que quizá nunca llegue.
Porque no todo lo que nos pasó necesita ser comprendido para poder ser dejado atrás. 💜