Amiga,
muerta estuve.
Muerta mi alma,
muerto mi latido,
muerto mi ser.
No dormido.
Muerto.
Fui el asesino de mi sentir.
Fui el verdugo invisible
que silenció cada latido,
que coloreó sobre cada herida,
que dibujó sobre cada dolor.
Intenté,
pero callé
antes de esculpir el deseo
en mí y en él,
silenciando espacios
y tiempos eternos.
Sostuve lo inexistente,
la nada misma.
Inventé pasión
donde ya no la había.
Dibujé un mundo
que solo en mí existió.
Fui verdugo
y fui...
Amiga, sí.
Muerta estuve.
Muerta.
Vale Fischer
6/9/2026
El pasado vuelve para enseñar que algo siempre cambia