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Mis errores también me enseñaron

yenimiranda12

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No todas mis decisiones fueron correctas.

Hubo decisiones que tomé desde el miedo, otras desde el amor y algunas simplemente porque en ese momento pensé que era lo mejor que podía hacer.

Hoy, mirando hacia atrás, puedo reconocer que me equivoqué.

Elegí personas que no debía elegir.

Me quedé en lugares de los que debí irme antes.

Confié cuando quizá debía observar un poco más.

Perdoné cosas que todavía no estaba preparada para perdonar.

Di oportunidades que terminaron convirtiéndose en decepciones.

Y también hubo momentos en los que fui yo quien tomó decisiones que lastimaron a otras personas.

Durante mucho tiempo me costó aceptar todo eso.

Pensaba en lo que habría pasado si hubiera elegido diferente.

Si hubiera escuchado aquella voz dentro de mí que me decía que algo no estaba bien.

Si hubiera puesto límites antes.

Si hubiera entendido ciertas cosas desde el principio.

Y a veces me arrepentía tanto de mis decisiones que terminaba juzgando a la persona que fui.

Pero con el tiempo aprendí a mirarla de otra manera.

Porque esa versión de mí no sabía todo lo que sé ahora.

No tenía las experiencias que tengo hoy.

No conocía algunas de las decepciones que después me enseñaron a reconocer ciertas señales.

Y aunque muchas de sus decisiones no fueron correctas, también fueron parte del camino que me trajo hasta aquí.

Cada error me dejó algo.

Algunos me enseñaron que no todo lo que quiero me hace bien.

Otros me enseñaron que las palabras bonitas no siempre significan buenas intenciones.

Aprendí que querer mucho a alguien no significa tener que soportarlo todo.

Que perdonar no significa permitir que vuelvan a lastimarme de la misma manera.

Que una promesa no vale demasiado cuando las acciones siempre dicen lo contrario.

Y, sobre todo, aprendí a escuchar esas pequeñas cosas que antes prefería ignorar porque tenía miedo de aceptar la verdad.

Creo que una de las cosas que más he aprendido es que muchas veces no nos equivocamos porque no vimos las señales.

Nos equivocamos porque las vimos y decidimos pensar que quizá estábamos imaginando demasiado.

Porque queríamos que las cosas funcionaran.

Porque teníamos esperanza.

Porque todavía queríamos creer.

Y después, cuando todo termina, pensamos:

“Yo sabía que esto podía pasar.”

Pero ahora entiendo que reconocer una señal tarde no significa que haya sido inútil.

Si una experiencia me enseñó algo, entonces no fue completamente en vano.

Por eso ya no quiero vivir castigándome por las decisiones que tomé cuando todavía estaba aprendiendo.

No puedo regresar y cambiar lo que hice.

No puedo borrar las veces que me equivoqué.

No puedo volver al momento exacto en el que debí tomar otra decisión.

Pero sí puedo decidir qué hago con todo lo que aprendí.

Puedo evitar volver al mismo lugar.

Puedo reconocer aquello que antes ignoraba.

Puedo escucharme cuando algo dentro de mí me dice que no estoy bien.

Y puedo dejar de confundir insistir con luchar por algo que realmente vale la pena.

Porque crecer también significa aceptar que algunas lecciones llegan después de cometer errores.

Y quizá por eso hoy no quiero decir que nunca volveré a equivocarme.

Sé que probablemente habrá decisiones que tomaré y después cuestionaré.

Habrá momentos en los que no sabré qué hacer.

Habrá caminos que parecerán correctos y terminarán llevándome a lugares que no esperaba.

Pero hay algo que sí quiero conservar:

todo lo que ya aprendí.

Porque una lección de verdad no sirve si solamente nos hace sufrir; sirve cuando cambia la manera en la que enfrentamos lo que viene después.

Así que sí, no todas mis decisiones fueron correctas.

Y algunas todavía me duelen cuando las recuerdo.

Pero ya no quiero avergonzarme de ellas.

Fueron parte de mí.

Fueron errores, fueron experiencias, fueron momentos en los que hice lo que pude con lo que sabía.

Y si hoy puedo mirar hacia atrás y reconocerlos sin volver a repetirlos, entonces quizá algo bueno salió de todo aquello.

Porque al final, no se trata de haber tomado siempre las decisiones correctas, sino de haber aprendido lo suficiente de cada error como para no volver a ignorar aquello que una vez me enseñó a la fuerza.

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