Esto lo escribo no como un reclamo, sino como una expresión de algo que llevo demasiado tiempo guardando para mi misma:
Siempre me han dicho que el miedo es ese sentimiento que tienes cuando te atrapan copiando en un examen, cuando te olvidas de la prueba del día siguiente, cuando ves una araña del porte de tu mano, cuando ves una sombra negra estando solo en casa, cuando te enfermas, cuando ves una película de terror, cuando ves la sangre.
Siempre fui una persona muy miedosa, nunca me consideré alguien débil, pero si alguien que es muy propensa a asustarse por cualquier cosa, alguien que tiene un corazón que siente las cosas con demasiada intensidad, se supone que el miedo nos ha ayudado durante miles de años a mantenernos a salvo, pero nadie nunca te explica que alguna vez vas a tener miedo de ser quien realmente eres por la reacción de la sociedad.
Desde los 13 años conocí un concepto de miedo completamente distinto al que me habían explicado toda mi vida, no era un miedo a lo que me rodeaba, era miedo a lo que estaba empezando a sentir. Desde pequeña lo he escuchado, gays, lesbianas, trans, como algo completamente tabú, como si fuesen monstruos, y no como lo que realmente son, seres humanos con sentimientos, que simplemente hacen o sienten como los dicta su corazón.
En mi familia los comentarios siempre eran los mismos: 2 personas del mismo género no tienen por que adoptar un niño porque puede aprender esos comportamientos “anormales”, estamos en una sociedad podrida como pueden existir siquiera los transexuales. Luego crecí, y conocí a una chica, una chica muy bonita, ambas teníamos 13 años y yo en ese momento no entendí lo mucho que llegué a quererla, fue un amor que trascendió cualquier barrera de la amistad. Pero tuve miedo y no lo admitía, ¿por qué tenía que ser “anormal”? y estaba aterrorizada, intente forzarme a sentir algo por algún chico, lo que sea, no funcionó.
En ese momento me pareció tan irreal, porque tenía tanto miedo, sentía asco de mí misma y de mi corazón, llorando cada noche y rogando por poder ser “normal”. A los 15 años lo admití, no como un pecado, crecí y entendí que yo no era una mala persona, no era una asesina, solo quería de forma diferente a lo establecido por los estándares de la sociedad. Sé que soy muy joven para entender lo que implica, me lo han dicho, es solo una etapa, es que aun no has vivido nada de verdad, y puede que tengan razón, puede que no la tengan, pero entendí algo que muchas personas no pueden entender en toda su vida, el amor no tiene reglas, no tiene ningún tipo de norma, no puedes escoger de quién te enamoras como escogerías un sabor de helado o una nueva blusa, no puedes obligarte a sentir nada por nadie y eso no tiene por qué estar mal.
Me parece tan injusto que haya miles o millones de personas que vivan en la misma situación de miedo y pánico constante de aceptar quienes son en realidad porque viven en contextos de odio puro. Me parece tan irreal como poco a poco los derechos de las personas LGBTIQ+ hayan desaparecido en varios países, nadie debería vivir con miedo de expresarse, de vivir y de sentir con la libertad que desean, nadie debería esconder sus emociones o reprimirlas porque la sociedad así lo impone, nadie tendría por qué llorar cada noche preguntándose por qué siente como siente. Yo viví todo este proceso, tenía miedo de comulgar en la Iglesia, hasta ahora lo tengo, me duele mucho pensar que existe la posibilidad de que Dios desde donde esté, este completamente decepcionado de mí, me han dicho que eso a Dios nunca le importó, que lo que de verdad importa es ser una buena persona y de verdad anhelo desde mi corazón que eso sea verdad. Esto que escribí es una forma de desahogarme, y un llamado de atención, para que nadie tenga miedo de ser tal y como es nunca más, para que nadie tenga miedo de lo que siente, porque el hecho de amar realmente nunca debió haber sido el problema.