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Luz negra para un cielo gris.

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Pensamiento

Pensamiento

sobregiro

Tanto camino de millones de años, demonios, cangrejos de cristal, y al final prende un cigarro y sigue vivo. Para mí que eso era lo que buscaba desde el principio, causa.

Tanto camino de millones de años, demonios, cangrejos de cristal, y al final prende un cigarro y sigue vivo. Para mí que eso era lo que buscaba desde el principio, causa.

Contenido de la publicación

El camino bajo el cielo gris hacia el abismo blanco de un horizonte que a plena vista no es más que una línea ante los ojos y una promesa borrosa en el pensamiento.

—Déjame mostrarte el camino por el que ni venimos ni vamos.

Esa voz provino de algún cielo ennegrecido con lo sagrado de lo profundamente macabro. Y ¿qué más podría haber en cielo más que demonios con sus disfraces de ángeles devotos, arrepentidos de no habérselo quitado cuando pudieron?.

Las cátedrales y los castillos imponentes están cubiertos de helechos con espinas, como si esas enredaderas sellaran para siempre lo que hay adentro para que no vuelva dirigirse al mundo como un espíritu de confusión y podredumbre.

En las espinas no existen las flores y las flores las tienen sólo para recordarse que nada que quiera mostrarse fuerte puede aparecerse en medio del aire sin tener con qué matar o defenderse de que lo maten. La lógica del más fuerte es como la paradoja de la intolerancia y los elefantes balanceándose en la ultra resistente telaraña. La araña jamás imaginó que el microcosmos que tejió para habitarlo, sea ahora el transporte hacia ningún lado más absurdo, usado por elefantes que de la nada de lo estrictamente familiar van apareciendo.

Los elefantes tienen tan buena memoria que cuando mueren se la extienden a sus hijos...

La luz de hoy es como yo, está entre las ganas más indiscutibles de vivir y la fidelidad más profunda a la muerte.

Ahora que las piedras tienen este espacio para llorar, no puedo evitar notar que yo he estado de un extremo a otro de todas las líneas que he caminado, y nunca le puse atención a lo que estaba en medio. Creo haberme perdido de un tesoro sólo por no quedarme en el centro de algo. En el centro del corazón de una estrella hay una humedad y una frescura que contrastan perfecto con el calor de su luz externa, y sólo acercándose, se puede conocer esa verdad.

Aparece una luz encendida en una montaña, y te preguntas quien morará esas alturas secretas.

Es increíble que todavía valga la pena que llegue un atardecer a este cielo gris, tan cobarde para admitir que ya no puede resistir estar sobre todo esto siempre y en silencio. Si algún día pudiera dar su opinión...

Pero sabe que su existencia depende del sueño lúcido de un señor fracasado que se acostó a dormir para siempre, y es así, a veces los vencidos, los atrapados, los derrotados eternos del universo cuando se acuestan a dormir crean cielos, infiernos, purgatorios, salas de espera, bóvedas que no quieren ser celestes porque son profundamente grises, aún si el dorado del sol las tiñe ligeramente. También cuando se duermen, con el poder acumulado del alma que no pudieron ni entregar ni derramar en todas partes ni verter en recipientes crea incluso otras dimensiones, otros seres incluso con poderes mágicos, otros mundos lejanos a esta vida que vivieron antes de que se drenaran por completo y los recibiera el sueño eterno. Y no, no están muertos, ya no pueden estarlo porque si mueren se elimina de inmediato lo que crearon...

No sé qué estoy viendo a lo lejos pero, desprende una energía como la que desprende todo lo superior, y ciertamente puedo sentir esa sensación en mi corazón partido en miles de agujeros por donde entran y salen los gusanos. Y cada que doy un paso siento como si me adentrara en el alma de una flor de hierba marina, la más frágil e inofensiva. La más ardiente y sangrienta de las ráfagas de viento me hace pensar en lo calmado de una tormenta en medio de la montaña solitaria que hay más allá de la infinitud de la estepa condenada a la eternidad de las arenas movedizas donde se ahogan todas las almas que aceptan de verdad y comprometidamente ese final.

La más infantil y arrugada de las intenciones tiene cinco puntas como esta estrella de mar, que veo que se desplaza girando como una rueda, es normal que se atasque o encalle cuando se mueva por arena de playa fina o por lodo antiestético en la profundidad de lo verde del bosque que no te puedes llevar para la compraventa ni por partes.

A veces se me olvida que llevo más de 19.091.091 de años caminando por este camino y siempre creo que comencé hace un momento. ¿Por qué siempre parece que debo terminar en medio de la nada, presenciando el torbellino de alguna piel que se desprendió por su cuenta de su "dueño", o el ritual circular de las vacas vestidas de fraile, revelándose entre ellas por fin lo que hay tras sus ojos?.

Por lo menos me doy el lujo de seguir entero, y no como esos cuadrados minúsculos desperdigados por este suelo que solían ser los dueños y maestros de cualquier cosa.

Y ahora se me cruza por la cabeza, como un sapo temerario en medio de la autopista y la pesadez del tráfico contínuo tratando de pasar al otro lado, que quizás si tienes que romperte, llorar, y aceptar lo tonto que fuiste en la vida estando permanentemente en pie de lucha contra absolutamente todo lo que existe, hazlo mientras abrazas un caballo maltratado, y quédate con atmán al lado en la mesa del rincón. El ser superior ha sido desmantelado, y con cada trozo se hizo un púlpito que no puede ser derribado.

En fin, pasto empapado.

Esta araña, la más mísera y grandiosa, la que perdió su telaraña más valiosa por un capricho paquidérmico, se sentó con su sombrero de ala ancha y su vestido entallado a deshojar la flor de la existencia dentro de un panal vacío, la reina lo dejó atrás por estar anticuado, y obvio su colmena la apoyó.

¿Tenemos que seguir otorgándole existencia a lo que está ya fuera de nuestra vista?

El alcance de los ojos es lo que hace que cualquier importancia aparezca.

Y yo estoy cerca de algo, no se ni siquiera de qué, pero a cada ráfaga acelerada de viento que parece que quiere hacerme retroceder por la fuerza, se me hace más firme en el corazón la certeza de que crear esta esperanza sin sentido en medio de mi alma no fue mala idea, y deberé luchar por ella, contra todos los vientos con la fuerza de una marea y contra toda marea que eleve del suelo como el más huracanado viento.

Ya no hay sentimiento en los ojos de aquellos espectros. ¿Qué tienen en los hombros, cuervos?

No, son como sus propios demonios personales que tangibilidad adquirieron. En sus hombros se les incrustaron, como incrustan las garras en la piel los lobos, y les susurran contínuamente oscuridad y fatalidad y asfixia existencial en sus oídos directamente. Y veo cómo algunos se los tratan de arrancar, pero son su piel, lo comprueban al quitarse la camisa y comprobar lo hundidos que tienen esos demones en la carne los pies.

La desesperación histérica es una desilusión cuando sucede y lo presencio.

¿Puede haber algo más patético que unos hombres supuestamente tan serios, tan dueños de su ser, tan sobrios y centrados, estén gritando como posesos mientras corren hacia todos lados?

¿Puede haber algo más degradante que ser el que mira por encima del hombro en toda situación, el que está en el pedestal, el primer lugar en todo podio, desecho en lágrimas de dolor intenso, con la cabeza entre las manos?

Veo que se golpean ellos mismos, y se vuelven irascibles como unos simios a los cuales se les ha implantado algo bajo la piel que les ocasionara dolor o alguna clase de desespero que no los dejara estar quietos.

Parece ser que padecen cada vez más cuando notan que no pueden ir más adelante de ese lugar mental y del alma donde el sudor caliente o frío les recorre la frente, donde están tan desesperados que incluso cantan canciones valientes a los berridos para que la voz de sus demonios no les quite la poquísima razón que conservan para seguir siendo los tenientes, los generales, los gerentes y los comandante de sus cuerpo por lo menos. A otros, en su desesperado intento de restarle importancia a la brutalidad de los surros del demonio en su hombro que aniwuilan su alma, los veo enumerando valores "amor, fidelidad, verdad, honestidad, familia", creo que como mantra protector.

Claro que es absolutamente en vano, obvio...

Avanzo más allá de este ¿pabellón psiquiátrico? ¿Purgatorio? ¿Zona de terapia de choque? ¿Remanso de consecuencia fatal?

En fin.

No puedo escuchar nada de las palabras que hacen llorar y golpear el suelo a estos tipos.

¿Quiero yo oír la voz de un demonio, y encima de eso, la voz de un demonio ajeno?

Lo único que escucho de esos muñequitos minúsculos incrustados en esos hombros de hombre son sus risas: puntiagudas, heladas, oscuridad en carcajada cayendo en cascada de forma aplastante.

Más adelante, un montón de cadáveres raros, son cuerpos completamente ennegrecidos... y soy tan afortunado que veo cuál es la razón de ello: Los demonios absorben la energía de sus anfitriones, los van enloqueciendo, pero lo que buscan es que les acepten todo lo que ellos dicen. Cuando ves que esos hombres se sientan, y van asintiendo a todo lo que su demonio les diga, con la mirada desencajada, entre lágrimas o carcajadas, o simplemente con la mirada perdida, callada y vacía, y repiten lo que se les diga que repitan, con miradas sin voluntad de nada más escuchar y aceptar, interiorizar todo lo que esa cascada pesada les brinda como sentencia de eterna fatalidad irreversible.

Sus cuerpos van perdiendo el color por completo, quedan absolutamente negros, y antes de que el único color que les queda, sus ojos, se apague por siempre, brotan de sus hombros figuras demoniacas demasiado elegantes en un tamaño de hombre común y corriente, se ríen, se ajustan la corbata y llega una camioneta a recogerlos.

Ahí quedan en el suelo estos desdichados...

Este camino dura 19.909.101 millones de años

¿Sí me irán a durar los zapatos?

Lo que siempre me parece raro es que camino y camino por todo lado y a ninguna parte llego ¿entonces qué putas estoy haciendo?

¿Hacia donde voy?

Esa pregunta no la hago para que tenga respuesta, pero el eco de mi voz en medio de esta vastedad es escuchada en un árbol por golondrinas demasiado negras para serlo, más bien parecieran ser aves de cementerio, pero bueno.

Sin que yo puediera siquiera imaginarlo esas palabras encienden un debate encarnizado entre esos pájaros, de una precisión implacable, de forma coherente y punzante, demasiado frío y cruel y desobligado también, acerca del "HACIA DONDE VOY" como concepto con posibilidad de despliegue en lo empírico de la experiencia subjetiva, y cosas así, fundamentalismos que ayuden a desglosar cualquier cosa un rato. Esos pájaros se acaloran demasiado, están en desacuerdo en puntos fundamentales, debaten un poco más hirientemente, y como no hay posibilidad de síntesis, regresan tranquilamente a los graznidos.

Yo voy avanzando en esta luz que da la impresión de que está lloviendo, pero no, y me encanta esta luz en serio. Va mucho conmigo, me siento abrigado por este cielo gris y por el camino más que por cualquier otra cosa.

El cielo ennegrecido espera de mi que sea capaz de hacer de la Luz Negra una poderosa realidad, y por eso voy hacia lo que busco, y lo buscaré para siempre sin rendirme ni retroceder en mi deseo ni un poco, pero como creo que dije en otro mundo, me conformo con algo para mí mientras tanto, mientras que encuentro lo que real y ciertamente busco por todos lados.

YO encarno mi propio despliegue aquí, caminando acompañado por estos cangrejos de cristal morado que no saben por qué tienen que desplazarse juntos. Igual lo hacen sin conflicto y del modo menos complicado, algo parecido a lo que se hace realmente para generar un salario, aunque qué voy a querer saber yo sobre salarios...

De pronto, me encuentro con ella. Ella lleva catorce largos años caminando, pero más que todo esperando...

Su paso es lento, tan calmado, cargado con lo violento, lo acuático y lo volcánico, lo florido y lo descampado, lo excesivamente oscuro y lo luminoso en exceso, lo bonito y desolador de lo subterráneo y celestial que su interior desde siempre ha albergado.

La veo desde lejos, pero su amplitud interna la hace ver grandísima,

y ¿demasiado cerca?.

Ella...

Ella miente,

oh... Ahora puedo verlo, puedo notarlo realmente.

Ella miente.

No puede ser.

Y ¿como amante del Todo que la envuelve

solamente ella miente? ¿Por amor a ese amor que se tiene, para en su cielo salvarse y negarle la entrada a él a todo blasfemo y hereje?

Ella, este camino no es. Yo lo sé porque yo tampoco lo soy, ciertamente, y los similares se reconocen. Basta una similaridad minúscula entre seres para que ellos desde lejos puedan reconocerse. Aunque, ella no me ha visto, y creo que no necesita hacerlo. Y yo no quiero interrumpirla ni desde lejos, su caminar es tan hermoso y llena mi corazón de una paz que no le puedo atribuir ni al cielo ni al suelo que me arropan mientras voy caminando.

Ella... sueña en piedra blanca. Partió exáctamente hace catorce años desde la Columnata de Mármol , abandonando por siempre el sillón aterciopelado en el balcón vacío, testigo de sus tardes mientras el silencio en sus brazos la meció, y cada atardecer al que miraba con amor le perteneció. Pero algo en su alma se movió, o se apagó, y no le quedó más opción que ponerse en movimiento.

Al salir del balcón, recuerda haber sido despedida sin que ella lo pidiera o se sintiera acariciada por la despedida que le otorgaba una banda rota, que marcaba, entrecortado, un tiempo roto.

Hace catorce largos años, ella está soñando con algo, o ella misma se siente hecha de un sueño que ya no puede ser ni ocultado, ni aplazado ni negado nunca más por Ella. Sería seguir sentada emulando perfectamente a las gárgolas, más bien dándoles ejemplo, como si ella misma fuera un templo o un castillo cubierto de enredaderas espinosas.

Como soñadora sigue soñando,

como caminante sigue caminando;

como amante, se entrelaza al extremo de que ella empieza y termina en su amor, sin agotarse en la intesidad de su Ser Ella ni un poco.

Sus miembros se enredaban con los de él.

Ella era el sol sobre la piel de aquél.

Él era esa noche en un jardín desconocido en el que ella no podía dejar de maravillarse.

Veo que lentamente saca algo de un bolsito, bebe de una botella.

Caminó por cada ciudad, perdida y encontrada.

¿La alcancé?

Ella me sonríe con una amplitud de lago, de ojos marrón húmedo y piel oscura; una luna sombría e impasible acecha a través de su pérdida.

Yo no puedo decirle nada, ella ya parece llena de palabras, y yo soy un extraño en medio de la nada, así como es extraña ella.

Nos miramos en una pausa que nos damos de nuestro recorrido. Ella parece tan hermosa como un sueño hundido en un lago mientras llueve. Yo estoy exangüe y cansado, ya ni siquiera pienso, no voy a seguir creando importancias vacías y efímeras donde pueda posar la vista antes de que se me aparezca otro animal, haciendo cualquier cosa...

¿Cómo voy a ser de la Luz Negra una verdad real si sólo puedo estar aquí mirando a la profundidad de los ojos de esta desconocida?

Ella se me aproxima, y charlamos. No hay nada de qué hablar: desde su silencio la oigo y estoy seguro que ella está ensordecida con la potencia del sonido del mío. Ella me mira como tratando de comprender, de explicarse algo, me mira como yo miro a lo que me voy encontrando mientras voy caminando. Yo no soy el ejemplo aleccionador de nadie en su camino, ¿entonces, para ella vendría siendo un mono? No me muevo, no voy a ser yo el que se exprese de ningún modo. Al final es ella la que se mueve, y se enternece tanto que me asusto. De pronto, quiere estar aquí conmigo preguntando con sus ojos qué me pasó.

No pases esta noche conmigo, sería perder nuestro tiempo, además eso no te dará las respuestas que buscas ni a mi me quitará el frío; haré que el ciego caído vea algún día, y se que cuando lo haga me maldecirá y deseará que nunca hubiera aparecido quien le quitara su identidad al volverlo un No-ciego.

Ella, del bolsito, se saca un pedazo de meteorito.

Brilla negro y rojo, con destello dorado.Yo dudo en recibírselo, pero no habrá un gesto mis insoportable para mi que un brazo estirado ofreciéndome algo. Por fuerza, TENGO que recibirlo.

Este es también otro juguete roto:

de una chica rota, regalo para un chico roto.

Le pregunto a la Madre sin Hijos, habitante del abismo

impetuosa y azul como el mar:

¿oirá Ella el rugido del león

mientras va muriendo?

Yo sigo caminando, le doy la espalda. Ella se queda ahí, aún estando lejos del balcón y del influjo del banco aterciopelado sigue empecinada en emular a las gárgolas para no tener que flotar entre música de banda rota.

Yo escucho al león morir del todo, y el atardecer no pudo estar más completo cuando asumo mi libertad de prender un cigarrillo y seguir vivo...

Thoughts

  • ventanaalpatio

    Los zapatos, pues sí.

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  • sobregiro

    Tanto camino de millones de años, demonios, cangrejos de cristal, y al final prende un cigarro y sigue vivo. Para mí que eso era lo que buscaba desde el principio, causa.

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El camino bajo el cielo gris hacia el abismo blanco de un horizonte que a plena vista no es más que una línea ante los ojos y una promesa borrosa en el pensamiento.

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