Un error que comete la gente normal al pensar en los multimillonarios es dar por hecho que siguen relacionándose con el dinero como lo hace la clase media alta. No es así. Para un hogar que gana 90 000 dólares, otros 50 000 le cambian la vida materialmente. Para alguien que gana 500 000, unos cuantos cientos de miles más todavía cambian sus opciones, su estatus, los colegios, los barrios, los niveles de estrés. Pero una vez que alcanzas la riqueza extrema, el consumo deja de ser el objetivo porque el consumo humano tiene límites. Solo puedes comprar hasta cierto punto y llegas al techo bastante pronto.
Un multimillonario no necesita una séptima mansión del mismo modo en que una persona normal necesita sanidad o un alquiler más bajo. La diferencia entre 40 000 y 70 000 millones no es el estilo de vida. A ese nivel puedes tener un montón de mansiones y yates. Ese nivel de riqueza se comporta más como poder geopolítico que como finanzas personales. Lo que empieza a importar más es la propiedad relativa: qué porción de activos, instituciones, tierra, medios, infraestructura, influencia política y flujos de caja futuros controláis tú y tus amigos en comparación con todos los demás. Y una vez que entiendes eso, mucho del comportamiento de la élite empieza a tener más sentido.
Una economía que se encoge no es mala para los ultrarricos si su porción de propiedad aumenta durante la contracción. Si la economía cae un 15% pero las dificultades en los activos permiten a los grandes tenedores de capital consolidar todavía más vivienda, empresas, tierras de cultivo, medios o infraestructura, pueden salir de la recesión más poderosos que antes a pesar de que el pastel total se haya hecho más pequeño. No venderán yates, mansiones... Nada cambia en su día a día, pero sí cambia en el nuestro. La gente normal vive las recesiones como acontecimientos traumáticos. El gran capital a menudo las vive como entornos de adquisición.
Por eso los periodos de inestabilidad a menudo aceleran la concentración en lugar de alterarla. El covid, por ejemplo, hizo a los multimillonarios más ricos que nunca. Los trabajadores pierden poder de negociación. Los activos se revalúan a la baja. La gente que ya está sentada sobre reservas enormes gana ventaja sobre todos los que de pronto necesitan efectivo, crédito o empleo.
Así que, la próxima vez que alguien te diga que tener el país dirigido por empresarios o multimillonarios es genial porque saben cómo llevar un negocio, quizá saca el tema de que la economía no necesita ir bien para que ellos se beneficien. De hecho, a menudo una economía más pobre, idealmente con menos regulaciones, es ideal para los que ya poseen porciones tan grandes de ella. Obliga a las clases medias a vender sus participaciones con descuento para conseguir dinero para las hipotecas, para la compra... mientras que ellos no afrontan ninguna presión para vender por ningún motivo.