LLORA
En la sombra callada de la noche,
donde el mundo se apaga y se suspende,
se abre la vieja puerta de la herida
que el tiempo prometió dejar atrás.
Nadie enseña el valor de las cenizas,
ni el peso del dolor que no se llora;
nos pidieron coraza, paso firme,
olvidar el camino del ayer.
Pero hay un tiempo hondo para el alma,
un rincón donde el pecho se desangra
en silencio, sin testigos ni aplausos,
abrazando al que fuimos y dolió.
Dejar caer la lágrima en el suelo
no es derrota, es rescate de uno mismo;
es volver a nacer desde el quebranto,
limpiando con el llanto la verdad.
Y tras la tormenta de la hora oscura,
cuando el peso del mundo se ha marchado,
queda sola la paz en la garganta:
la leve libertad de haber sanado.