Tus palabras y tus acciones nunca aprendieron a hablar el mismo idioma. Mientras tu boca prometía, tus actos desmentían cada una de tus palabras. Decías sentir, pero no lo demostrabas; jurabas quedarte, pero encontrabas mil maneras de alejarte. Y yo, durante demasiado tiempo, intenté encontrarle sentido a tus contradicciones, aferrándome a lo que decías para no aceptar lo que hacías.
Hasta que comprendí que no hay palabras capaces de sostener un amor que las acciones abandonan todos los días. Que decir te quiero no significa demasiado cuando tus decisiones me hacen sentir lo contrario.
Porque, al final, no importa cuánto sepas decirme que me amas si tus actos se empeñan en demostrarme que no. Y cuando las palabras pierden credibilidad, ya no queda promesa que alcance para reparar lo que la realidad se encarga de destruir.