Tiene Nombre. Lián
Me estás preguntando o me estás afirmando. Y su diálogo siguió
Siempre me preguntó ¿ Por qué careces de esa patética necesidad de agradar, por qué tu presencia resulta insoportable en una sala llena mentes débiles? Dicen que naciste vacía, que la muerte te fascina porque la miras a los ojos sin un gramo de miedo ni de respeto fingido.
Una pequeña sonrisa fría se dibujó en mis labios, más cercana a la burla que a cualquier gesto humano.
—¿Por qué me tratas con esa indiferencia? — preguntó, con la insistencia estúpida de quien necesita validación ajena para confirmar que existe—. ¿Por qué?
Lo único que me provocaba su voz era un hastío profundo, denso, insoportable.
—Porque cuando a un idiota se le da una pizca de poder, no tiene la menor idea de qué hacer con él —escupí sin vacilar—. Se vuelve prepotente, patético, visceral e infinitamente más predecible en su miseria.
No es que sea fría. Es que tuve la decencia de pagar el precio de una verdad que a ustedes les revuelve las entrañas. No vine aquí a jugar a la princesa compasiva ni a complacer sus inseguridades de protocolos qué se desmoronan; vine a dar resultados con la eficiencia exacta de quien no se deja gobernar por hormonas ni rabietas viscerales. Sus ojos quedaron en el vacío.
O dime una cosa: ¿crees de verdad que los familiares de cada uno de los cuerpos que desmembramos sobre esta mesa de acero se conforman con un patético "lo siento mucho por su pérdida" mientras tú demuestras tu absoluta incompetencia para desnudar la verdad?