¿Ser maestra o renunciar? Esa es la pregunta.
¿Qué pesa más: amar una profesión o aceptar que un sistema termine por absorberte?
Cada día surgen más dudas cuando vemos personas frente a un grupo sin la preparación necesaria, mientras existen alumnos con un enorme deseo de aprender, salir adelante y construir un mejor futuro.
Ser docente debería significar inspirar, formar y transformar vidas, no luchar constantemente contra un sistema que muchas veces dificulta esa misión.
A veces la verdadera pregunta no es si debemos renunciar a la docencia, sino si estamos dispuestos a seguir permitiendo que el sistema le quite el valor a una profesión tan importante.