Quien te haya herido
no te quiso como yo;
yo también fui herido por ti,
hasta desgastarme en los dos.
Lo que tanto escondes
lo descubro sin forzar;
mantengo los brazos abiertos,
mientras tú eliges pelear.
Es una ida y vuelta constante,
un acercarse y después partir;
cada uno termina alejándose
cuando ya no sabe qué decir.
¿Por qué no solo confías?
No soy adivino y lo sabes bien;
pero al final presiento que te irás,
como si nunca pudieras permanecer.
Solo no me levantes
para romperme antes de ir;
yo realmente trabajé por esto,
y tú apenas supiste construir.
Jugabas a hacerme daño
mientras intentaba sostenerte;
no puedo esperar aquí por siempre
si cada vez vuelves a perderme.
Sé que podría encontrar algo mejor,
pero algo de eso vive en ti;
solo no me vuelvas como tú,
no me enseñes a herir como te herí.
¿Cuáles son tus miedos?
¿Vale la pena esconderlos así?
Baja la guardia y dime
qué queda cuando piensas en mí.
¿Por qué no confías?
Si nunca busqué hacerte mal;
mientras más te cierras,
más difícil me resulta llegar.
Pero todo termina desgastando
cuando empiezas a ser hiriente,
cuando me llevas hasta el límite
y esperas que vuelva a sostenerte.
Cuando vuelvas a caer,
quizá ya no esté contigo;
no soy adivino, pero sé
que no cambiarás si sigues huyendo.
Nunca apreciaste lo que había,
jugabas a dañarme mientras me gastaba;
yo podría encontrar a alguien mejor,
pero ahora solo quiero calma.
Después de lidiar con todo esto,
si realmente llega el final,
sabré que hice cuanto pude
y que no me quedé sin intentar.
Y cuando estés con alguien más,
quizá recuerdes lo que hice aquí;
tal vez ellos reciban lo que aprendiste,
todo aquello que pude darte a ti.