Perdí mi inspiración, pero lo irónico es que no sé cómo perdí algo que nunca fue mío. Cómo perdí sin intentarlo, cómo me rendí sin siquiera haber comenzado.
Hoy es uno de esos hermosos días en los que lloré sin saber muy bien por qué, o quizá sabiendo demasiado y sin encontrar la forma de decirlo.
Porque no sé cómo quedarme sin desaparecer, cómo convivir sin cambiar, cómo permanecer sin tener que forzarme a ser alguien que no soy.
Y, al final, no quiero pedirte demasiado. Solo quiero que me dejes justo en la orilla, allí donde todavía puedo mirarte sin que el eco de tu existencia te lastime; aquí, donde puedo contemplarte sin que duela, donde tu presencia no me obliga a cruzar y tu ausencia todavía no me obliga a marcharme.
Déjame aquí, en este lugar imposible, donde aún puedo verte sin perderme del todo.