Esto lo escribo como una pequeña reflexión que llevo escribiendo más de un año con ganas de que se convierta en un ensayo más extenso. Pero en la juventud moderna y cada vez más en lo adolescentes y jovenes noto como hay una carente identidad personal y comunitaria. Por muchas razones al humano moderno no le interesa lo que es, sino lo que quiere ser. Esto, no suena mal a primera instancia ni nada preocupante, pero cuando la búsqueda de sentido e identidad del ser humano radica en lo externo se pierde todo rastro de verdad en él.
Constantemente escuché de pequeño que debía trabajar mucho y arduamante para poder llegar a "ser alguien". He escuchado que hay que estudiar mucho para poder "ser el mejor". A los niños se les presentan dos opciones y sólo esas dos: éxito o decepción. Ningún niño quiere decepcionar a sus padres, sino que es condicionado a un amor por obras y resultados. Desde pequeños se crea un desenfreno y urgencia por trabajar y no descansar, por un lado. El otro lado es la depresión por no ser quien debiera yo ser.
La locura por trabajar y demostrar quienes somos nos lleva a un estado de vacío infinito pues estaremos condenados a cumplir los sueños impuestos y darnos cuenta de que fue vana la carrera, que al curzar la meta la pista sigue estando delante y que debemos seguir avanzando. No hay satisfacción real sino placer vano en cumplir las expectativas que el mundo nos ha dictado. El éxito monetario, por poner un ejemplo, supone resolver todos los problemas que puede tener un ser humano. SI bien, por desgracia nuestra el dinero es preciso para vivir, se ha creado una falsa necesidad de poseer supuestos bienes que satisfacen necesidades inexistentes. No es necesario tener un dispositivo nuevo para subsistir. No es necesario un coche nuevo para impresionar. No es necesaria esa chamarra a la moda para ser aceptado. No es necesario ser lo que no eres para funcionar en esta sociedad. Nos han grabado la idea de que si no seguimos el sistema que lleva la sociedad moriremos.
Las nuevas tecnologías apantallantes claro que llaman la atención y son deseables, pero no sirven de nada. Nos llevan a un círculo vicioso en el cual consumimos por inseguros y al consumir tanto perdemos el valor del ser humano lo cual nos vuelve, aún más, inseguros.
Se pierde la identidad del ser humano cuando lo único para lo que creemos estar hechos es para trabajar y consumir.
El otro lado y el más peligroso considero yo, es cuando esta meta no se logra. Si estamos condicionados a cumplir lo que se nos ha dicho que debemos cumplir el no conseguirlo nos destrozará. No hay esperanza en aquél que le ha fallado a la mentira del mundo moderno. Tan simple es la condición de este caso pero tan devastadora. Llega a desmantelar todo constructo personal y arrebatar todo sentido de identidad en la persona al punto de que no encuentra más sentido a su vivir.
Por esto, el sentido de la vida y la identidad del ser humano no radica en lo que puede ser o hacer, sino en lo que es. Somos humanos. Somos animales racionales. Somos seres. Tú eres hijo, hija, madre, padre o hermana. Eres en la medida en la que existes y existes más en la medida en la que amas al prójimo pues en cada uno de ellos algo de tí se quedará.