Saltar al contenido
Cargando…

iv, v, vi, vii

sinfonauniversal8
Pública 10 conversaciones 14 pensamientos 25 votos positivos 0 votos negativos 0 series

Las cartas se escribían, o más bien yo las escribía con sumo cuidado; empleaba un verbo aquí, un predicado allá y los sujetos eran del mismo claroscuro hasta que se transformaron en verdaderos…

In groups

Pensamiento

Pensamiento

capitulopiloto

Tío, de todo lo que abrí esta semana esto es de lo poco que sigo desde el principio. Karka dormida en el regazo y yo aquí a las tantas con las sillas subidas.

Tío, de todo lo que abrí esta semana esto es de lo poco que sigo desde el principio. Karka dormida en el regazo y yo aquí a las tantas con las sillas subidas.

Contenido de la publicación

Que la elasticidad de la Costura Gramatical define la libertad de albedrío dentro de este universo.

Se cuenta que...         

Es cierto…     

Y es cierto…  

Que, de acuerdo a la Tensión Dinámica, la costura gramatical hecha con Dryamsualanis tiene una memoria elástica perfecta. Permite que el Sujeto se mueva, cambie de opinión y explore diferentes caminos. Y el hilo se estira, permitiendo el libre albedrío. 

Que es cierto…          

Y es cierto…  
           

Que el Efecto Rebote, se da si el personaje intenta alejarse demasiado de su esencia o romper la coherencia de su historia, la costura se tensa al máximo y lo devuelve con fuerza a su eje narrativo para evitar que la realidad se rompa.                   

Que es cierto…          

Y es cierto…  

Que la Rigidez de lo Ascendido es un solo sino con un solo destino inmutable.    

Y aquí está mi principio y mi final... 

El que me otorgaste tú y tan sólo Tú…Doncella…  

iv

Las cartas se escribían, o más bien yo las escribía con sumo cuidado; empleaba un verbo aquí, un predicado allá y los sujetos eran del mismo claroscuro hasta que se transformaron en verdaderos costureros de índole agraciada. La forma como trabajaban era diversa, cada una con una presentación en la que se esmeraban. Porque los retazos de tela que empleaban eran dignos de ser y desmerecer todos los premios del universo en el que nos encontrábamos atrapados, de algún modo. 

Tenían en lo peculiar de distinguirse por poseer unas manos que mentían, unas que ejecutaban promesas. Otras que forjaban maravillas, algunas henchidas en el tallar de las costuras y los instrumentos de medición que en todo vivía como ningún ser, habría visto eso elevado.         

Las manos que yo más amaba eran las que mentían, porque entre mentiras y otras mentiras, se creaban cosas hermosas que hacían suspirar hasta a los mismos caballeros; de esos que tejían lágrimas en lo más alto de los rascacielos para mantenerlo tibios; quizá para hacer que fuesen no tan huraños.  

Y yo, que me desenvolvía entre ellos, me atrevía a señalar que iba conociéndolos entre simbología de suspiros. Porque a veces suspiraba por ellos, como ellos suspiraban por mí.

v

A veces sus talleres de costuras estaban revestidos de millar de agujas, de cintas, de hilos, de parches y otras cosas que las manos que mentían y que forjaban maravillas, me decían a misma que algún día podía forjar una de esas vestimentas de temple tan acérrimo como lo que en un momento vestían.           

Siempre a la vista del sentir, del estar, del temple de sus acuarelas al soñar lo reventado de sus propios problemas mesurados. Siempre me decían, cada vez que acudía y tomaba un retazal, para alimentar la misma realidad de ese desierto en el que nos habíamos auto impuesto, un ser y un estar de verbos, que no se medían sino a la manera de forjarse con entramados más simplistas o más turbios de los que ya se conocían en el continente de Sutura.
Karka, me detuvo un día y una noche en que aprendía a coser un par de alas que habría perdido en pleno vuelo una mariposa, oxidada e iluminada por las luciérnagas del tiempo, quiénes se orillaban a pastar entre el verde que apenas crecía entre augurios y señales de ese universo que era una Flor que existía para mí.  

Diomedes, el Príncipe de los Relojes, habría tallado la misma en un océano llamado Valeria, tan sólo para mí, y la habría adornado con el matiz de mi sonrisa, porque el anhelaba que la misma Luna existiera aun cuando, en el cuándo, yo misma teñía como un espectro las cosas que se median entre los costureros cuyas oraciones no eran suficientes para teñir a Sutura con un Sol que no fuese de hielo errado.   

vi

Las formas como yo misma añoraba reparar las osadías cósmicas del continente de Sutura me instó a aprender de esos Sastre de realidades. Y aprendí la pureza, la mudez, el raro Amor tan de llanto esclarecido que revelan pactos entre las punzadas que revestían esas alucinaciones más allá de las estelas de rascacielos de pasión, esos que entregaban lo durmiente de la inocencia, como una cruz de atavíos dulces.       

Como un sueño de angelados fantasmas, porque a pesar de todo, yo misma era el fantasma de todas las historias.        

Ese que habría dejado el puesto ante el mismo escribano y ante el mismo Diomedes que era mi amante de todas las eras, que sangraban como un reflejo de mí misma. Y me vestí como una emperatriz de retazales y le escribí, a Diomedes, con Karka dormida en mi regazo, que susurrara palabras para mí y tan sólo para mí en ese mapa de inmortalidad que compartíamos.         
En el cosmos habríamos sido uno en la distancia, pero en el pero, ahora Karka era la unción de la propia enfermedad que portaban los rascacielos de ese continente tan quebrado.

vii

Escribí en un telar al que agregué artículo, sujeto, verbo y predicado y reconté las aventuras entre las que imaginaba amarlo como una claridad desmedida, esa que ya no importaba. Ese que provenía de la euforia de volver a encontrarlo, entre caricias que raptaban mis mejillas con las lágrimas del tiempo de su tan amada Valeria.          

Y describí todo lo que veía, e hicimos el amor de modo tan dulce, al escribir a la distancia y sobre nosotros mismos, lo que no alcanzábamos a decirnos frente a frente.           
           
Diomedes repartía en mi pecho caricias como el batir de una mariposa que hendían su temple en el ser amado, y yo, que ansiaba las ilusiones de su amor lo entendía como nadie. Yo, la Luna que le había hecho frente y a la que él habría derramado como tiras sobre el tejado de una casa. Todo para retener de su lado a su amada. A mí misma.           

Dijo que, si la Luna no se hubiese hecho trizas, el no habría cambiado. ¿Por qué no cambiarían los rascacielos por mi causa? Era poderosa y había peleado con dientes y garras con el mismo caos que encerraba el corazón del Destructor del Sueño Viviente: el ser que le había dado vida al Escribano que teñía la vida con su propia aura de mortandad.    

Esa ya iluminada por la claridad de una mañana invernal que arropa con la tibieza de verme ser suya, como Diomedes era suyo, en la vastedad de todo el frente conocido.      

Que no importe más que tus sueños hechos realidad, criatura, me dice con su voz tan calmas, tan danzante, tus ruegos serían majestad en ese desierto en el que te has extraviado y que te ha separado de mí. Tienes un arma poderosa, y ahora puedes coser y descoser la mismísima realidad.             

Karka es tuya y tú suya. ¿Qué te impide hacer lo que solo tú creas? Conviértete en verdad y mentira. Yo no puedo tejer nuevas cicatrices, como tú, sólo atisbo a ser merecedor de un arte que no conozco.  

Y luego se silenció y sentí el reflejo de sí mismo para hallarme vestida. Vistió mis labios con el sello de un amante insalvable, ese que aclaraba esas noches en las que lo imaginaba junto. En el cosmos habíamos sido uno y ahora éramos nosotros mismos desnudados. Y entonces entendí, que, si no actuaba, ese mundo que era de cielos que eran tributos de majestad en la que perdura el rostro de Karka y Sutura.     

Thoughts

  • finalArruinado

    Leí el final antes que todo, como siempre, y apuesto a que la que termina cosiendo a Sutura es Karka y no ella. Cachai que la dejan dormida justo antes.

    Permalink
  • RodrigoLezama

    Tres tandas me tomó, causa, y para la vii ya no sabía si Diomedes era el amante o el reloj mismo. Igual seguí, pe.

    Permalink
  • Ovid

    Diomedes como Principe de los Relojes tallando un oceano entero para ella me hizo pensar en esos mitos donde los dioses aman lo que no pueden tocar. Apuesto a que Sutura se salva o se rompe segun si ella se atreve a coser con las manos que mienten. Se nota que ese mundo ya lo tienes entero en la cabeza.

    Permalink
  • capitulopiloto

    Tío, de todo lo que abrí esta semana esto es de lo poco que sigo desde el principio. Karka dormida en el regazo y yo aquí a las tantas con las sillas subidas.

    Permalink