El frío se escapa en forma de vapor,
el mundo es un gris que congela el dolor.
Miro la ventana, la lluvia caer,
un cuerpo lánguido que no sabe si ayer
existió realmente o es solo un recuerdo,
un barco fantasma que navega perdiendo.
Me sigue una nube con paso constante,
diluvio privado, verdugo implacable.
No importa el refugio, la cama o la esquina,
el agua penetra, desborda y domina.
Las gotas golpean con ritmo de espada,
tortura infinita que no pide nada.
¿Destino, castigo, condena o lamento?
¿Cómo se respira sin aire por dentro?
La tregua no llega, la culpa no sana,
así pasa el tiempo tras de mi ventana.
Mas no era el invierno cobrando su herida,
no era la tormenta del cielo caída.
Eran mis ojos, el llanto escondido:
no es un mal invierno.